La Iglesia comunidad que acompaña y ayuda.
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La Iglesia con todos, al servicio de todos
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Peregrinos de la historia

Cáritas es la Iglesia

Cáritas es la Iglesia, es decir, desde la fe en Dios, nace la preocupación por ayudar a aquellos que lo necesitan. «Amaos unos a otros como yo os he amado». No se simplemente de solidaridad, ni de compadecerse, se trata de que un cristiano ve en los demás el rostro del mismo Jesucristo. De ahí nace no solo la ayuda en la necesidcaritas iglesiaad sino también la denuncia en la situaciones injustas. De una ecónomía que mata como recientemente ha dicho el Papa Francisco.

Cuando se habla de la financiación de la Iglesia y de la financiación de Cáritas, a veces se confunde lo que es la única realidad de la Iglesia.  Cáritas es el servicio que presta la Iglesia a la sociedad para la realización de la acción caritativa del Pueblo de Dios,  porque Cáritas es la Iglesia misma en su estructura más fundamental que es la parroquia. Son las parroquias las que corren con todos los gastos ordinarios, las que recogen los donativos y es en las comunidades parroquiales donde surgen los voluntarios que entregan su tiempo y trabajo en Cáritas. Existen 6.000 Cáritas parroquiales distribuidos por toda la geografía española. Ahí está toda la labor que la Iglesia desarrolla en beneficio de la sociedad.

Por eso, las aportaciones extraordinarias de la Conferencia Episcopal Española, no son, ni mucho menos, el total de lo que la Iglesia aporta a Cáritas. Se calcula que en torno al 65% del dinero de Cáritas procede de la Iglesia.

De la misma forma que no habría Iglesia sin el anuncio de la Palabra de Dios y sin la celebración de los sacramentos, tampoco la habría sin el ejercicio de la caridad. Cáritas es la Iglesia y la Iglesia es Cáritas.

Cáritas, se mantiene con la participación de los voluntarios (70.229 en España en 2012, un 24,4% más que en 2007) y de la que se han beneficiado 4.929.361 personas (un 5,6% más que en 2011).

El cuidado del patrimonio nos beneficia a todos

La Iglesia es responsable de cuidar el patrimonio que los cristianos han ido dejando siglo tras siglo a su cuidado. Es un error comunmente extendido de que la iglesia, la ermita, es del pueblo. Esas iglesias o ermitas han sido construidas por los cristianos a lo largo de los siglos: le han ofrecido a Dios lo mejor que tenían en todos los sentidos, en el material y en el espiritual.

Aun así, la Iglesia se reconoce como administradora de todos estos bienes y los comparte con toda la sociedad para que todos podamos disfrutar de esos bienes culturales, y así podamos engrandecer nuestro espíritu.

En realidad, ese patrimonio no es rentable económicamente sino que obliga a la Iglesia a pedir la colaboración de las instituciones para que pueda seguir siendo una riqueza para todos.

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