Ibiza, donde el lujo y la miseria se encuentran

“El contacto con estas familias te hace cambiar tu forma de pensar, de valorar al ser humano en sí, de no estar segura de muchas cosas, de ser más humana, débil, sencilla. Aprendes a perdonar, a no juzgar, a pensar que yo en las mismas circunstancias seguramente haría lo mismo; a tener una mente muy abierta y a la vez a ser muy crítica.”

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Ibiza, la isla del cielo azul y las aguas cristalinas, de las luces de fiesta y las noches sin fin, conoce ese otro reverso en el que la magia muestra su perfil trágico. Esplendor, ebriedad y decibelios no consiguen ocultar el doloroso lastre que sufren muchas familias como consecuencia del Ibiza´s lifestyle. Historias humanas que no construyen marca, desconocidas tantas veces, pero ante las que no caben el anonimato o la huida.

Hace más de 20 años, las religiosas Terciarias Trinitarias de Mallorca decidieron enfrentar esta realidad y pusieron en marcha “Llar Mare del Remei”, un centro destinado a la acogida de menores en situación de riesgo. Alcoholismo, drogas y vicios se venían traduciendo en malos tratos hacia los más indefensos; desnutrición, abusos sexuales…, e Ibiza carecía por completo de instituciones capacitadas para ayudarles. Los casos más difíciles eran trasladados a Mallorca, y esto dificultaba la relación familiar y el mismo proceso de maduración del menor.

Para lograrlo, recondujeron el proyecto en el que trabajaban, como ellas mismas dicen: “En aquellos momentos nosotras estábamos construyendo un edificio nuevo que debía albergar una guardería, pero nuestros superiores, viendo la necesidad de la isla, y que este proyecto entraba dentro nuestro carisma Redentor-Liberador, optamos por adaptar la guardería a esta otra actividad. Por suerte estábamos familiarizadas con este tipo de centros porque en Mallorca teníamos uno”.

A lo largo de su historia, el centro ha experimentado diversas etapas. Al principio acogía a menores de 0 a 17 años, tanto niños como niñas, lo que resultó que ocasionaba numerosos problemas. En un segundo momento los chicos y chicas a partir de 12 años fueron trasladados a un centro nuevo, gestionado por el Consejo Insular, quedándose con las Trinitarias los menores de 0 a 11 años. En la actualidad estos son los dos únicos centro con los que cuenta en la isla.

“Somos centro de primera acogida. Esto significa que en cualquier momento puede haber un ingreso, ya sea Navidad, fin de año, Pascua, pues el centro está abierto 24 horas los 365 días del año”. A día de hoy el centro tiene capacidad para 12 plazas, pero ha llegado a tener hasta 17. “Nuestro objetivo –cuenta Sor María Planells, Superiora del Centro- es que los niños sean felices y guarden un buen recuerdo del centro; como lo que ha sido su casa durante un tiempo, antes de reunirse con su familia biológica, de acogida, o familias de adopción. Y que el día de mañana sean personas de bien; que puedan salir adelante y que el centro sea siempre un lugar de referencia positivo para ellos”.

El balance de estos años a cargo del centro se llena de nombres, de historias, de dolor, aprendizaje y alegrías. “El contacto con la realidad de estas familias –continúa sor María- te hace cambiar tu forma de pensar, de valorar al ser humano en sí, de no estar segura de muchas cosas, de ser más humana, débil, sencilla. Aprendes a perdonar, a no juzgar, a pensar que yo en las mismas circunstancias seguramente haría lo mismo; a tener una mente muy abierta y a la vez a ser muy crítica.”

Y no faltan las aspiraciones a ayudar más, a que 12 plazas no son suficientes, a que hacen falta cambios más radicales que pongan fin a esta situación de miseria humana y desigualdad: “Siempre, ante las realidades de mi entorno me pregunto: ¿qué haría Jesús ahora y en estas circunstancias? Os puedo asegurar que la respuesta a veces me pone los pelos de punta, porque veo que no llegamos”.

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