Desde el limes nororiental de la península, entrando por Somport o Roncesvalles; y más allá, desde toda Europa.

Sin duda que muchos, muchísimos, valoran la labor de la Iglesia en nuestra sociedad porque, a poco que se la mire libre de prejuicios, descubrirán una labor humanizadora y de respeto y rescate de la dignidad de la persona, acorde, justamente, con esa misma dignidad que nada ni nadie nos puede arrebatar.

¿Quién no admira la labor de un misionero que en un momento de su vida decide dejarlo todo y partir a la “otra orilla” sin otro recurso que el amor a Dios y, por Dios, a los más desfavorecidos?

El derecho a la libertad religiosa y de culto es uno de los Derechos Humanos universales, y nuestra Constitución lo contempla en su artículo 16: “Los poderes públicos tendrán en cuenta las creencias religiosas de la sociedad española y mantendrán las consiguientes relaciones de cooperación con la Iglesia Católica y las demás confesiones”. La asistencia religiosa es, por tanto, un derecho de los ciudadanos, y garantizarla es un deber del estado español. En respetuosa cooperación con la idiosicrasia propia de cada religión y según sus necesidades y las de sus fieles. 

El centro de día en Alonso Cano para mujeres en situación de vulnerabilidad y exclusión es una de las respuestas de la Iglesia a tantas mujeres que sufren injusticia, maltrato en su vida y situaciones que hacen olvidar la dignidad.

«Con los últimos de los últimos»; si una actividad diocesana refleja claramente esta opción de la Iglesia es la que realiza el Secretariado de Migraciones. Entrevistamos a Gabriel Delgado, director del Secretariado de Migraciones de la diócesis de Cádiz y Ceuta, uno de los "puntos calientes" del continente europeo.

La Constitución española reconoce a las personas físicas y jurídicas la libertad de creación de centros docentes. Los centros educativos no públicos son, por tato, realidades reconocidas por el derecho español, sean del cariz que sean, siempre y cuando respeten los principios constitucionales.

Una iglesia construida a mano por la gente del barrio, una red asistencial que ha ido perfeccionándose con los años, el primer edificio de talleres para Formación Profesional... Una realidad parroquial y educativa, social y pastoral en un barrio de Tarragona, Bonavista.

Un centro para favorecer la calidad de vida y atención de personas con discapacidad intelectual en Arroyomolinos, Madrid.

“El contacto con estas familias te hace cambiar tu forma de pensar, de valorar al ser humano en sí, de no estar segura de muchas cosas, de ser más humana, débil, sencilla. Aprendes a perdonar, a no juzgar, a pensar que yo en las mismas circunstancias seguramente haría lo mismo; a tener una mente muy abierta y a la vez a ser muy crítica.”

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