«Solo quiero ser una chica normal»

Villa Teresita - Auxiliares del Buen Pastor es una comunidad de mujeres consagradas que viven el Evangelio entre los pobres y excluidos. Junto a amigos laicos y otros voluntarios, forman la familia Villa Teresita. Se dedican a crear redes de apoyo y amistad, alentando la vida que emerge en medio del sufrimiento, la desesperación y el más absoluto desamparo.

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El trabajo de esta comunidad se centra especialmente en atender a mujeres procedentes de contextos de prostitución y víctimas de trata con fines de explotación sexual. La trata de seres humanos, como ha denunciado recientemente el papa Francisco, es una forma moderna de esclavitud, una grave violación de los derechos humanos y de la dignidad de las personas.

Mujeres en su mayoría muy jóvenes, que proceden principalmente de África y Europa del Este. Llegan a lugares desconocidos para ellas, donde no conocen el idioma, ni tampoco ninguna otra persona a excepción de
aquellos que quieren apoderarse de sus cuerpos, sin piedad, cosificándolas con el único fin de ganar dinero. Estas mujeres están aterrorizadas, desesperadas y con una supuesta deuda (en torno a los 50.000 euros) que les obligan a pagar vendiendo su cuerpo durante años.

En medio de ese desamparo, están ellas, la familia Villa Teresita; atendiendo a los últimos de los últimos, saliendo a la calle en nombre de Dios para llevarles amor, amistad, calor y esperanza.

A partir de su entrada en Villa Teresita, las hermanas les proporcionan instrumentos de inserción social así como medios jurídicos, psicológicos, sanitarios; pero por encima de todo trabajan para generar vínculos a través de una relación de amistad y un entorno cálido y familiar. De esta manera consiguen que poco a poco se sientan queridas, respetadas y valoradas: «Intentamos hacerles entender que cada persona es un tesoro y que se sientan miradas como Dios las mira. Estamos a su lado para recordarles que tienen dignidad y derechos; que es posible una vida mejor y que nosotras estaremos a su lado para apoyarlas, siempre», nos cuenta Inma, responsable general de Villa Teresita.

Esta es una de tantas labores que desempeña la Iglesia en España y que consigue cambiar la vida de muchos.

De la total desesperanza va surgiendo la confianza, la dignidad, el entendimiento de saber que son seres maravillosos, que pueden llegar a tener una vida digna, aunque lo hayan tenido difícil en un principio. Poco a poco van comprendiendo que sus sueños se pueden hacer realidad, aunque sencillamente desean «ser una chica normal».

MARÍA PELLICER GÓMEZ-HORTIGÜELA
Consultora de Marketing y Comunicación

 

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