Somos una gran familia contigo

† Carlos Osoro Sierra

El domingo 11 de noviembre celebramos una fiesta importante: el Día de la Iglesia Diocesana. Un día que el Señor nos regala para tomar conciencia de nuestra pertenencia eclesial y de la responsabilidad que todos los cristianos tenemos en anunciar a Jesucristo.

El domingo 11 de noviembre celebramos una fiesta importante: el Día de la Iglesia Diocesana. Un día que el Señor nos regala para tomar conciencia de nuestra pertenencia eclesial y de la responsabilidad que todos los cristianos tenemos en anunciar a Jesucristo. La evangelización provoca un cambio en quienes acogen a Jesucristo, que fructifica en cambios personales y sociales. Nada es igual cuando entra Jesucristo en la vida de una persona, porque su mirada sobre la realidad que le circunda es la de Cristo y, por tanto, sus acciones van dirigidas con la fuerza, la gracia y el amor mismo del Señor. Hay cambio en el lugar donde está y con las personas que se relaciona. Como el cambio es bueno, da vida, ayuda, crea fraternidad, mira las necesidades de los demás; el resultado es que el cristiano es incluso un bien social.

Somos una gran familia. Y como familia nos disponemos a compartir también entregando a la Iglesia diocesana nuestra ayuda económica. Que esta colaboración económica ayude a anunciar a Jesucristo. La colaboración económica es necesaria; desde el inicio de la Iglesia los cristianos sostuvieron la evangelización. Las comunidades cristianas nos tenemos que ayudar unas a otras en la propia Iglesia particular y también a la Iglesia extendida por todos los lugares de la tierra unida al sucesor de Pedro. Prestemos esta colaboración, que ningún cristiano, que ninguna comunidad, poco o mucho, según sus posibilidades, se desentienda del sostenimiento de la Iglesia. En la vida de la Iglesia, que nadie se sienta propietario; somos administradores que colaboramos con quien el Señor puso al frente de la Iglesia para que distribuya en justicia creadora una familia y fraternidad. Ayudadme.

Sabemos que el discípulo misionero tiene antes que nada un centro de referencia que es la persona de Jesucristo. Esto nos manifiesta que nosotros no anunciamos nada propio, que no tenemos que demostrar nuestras capacidades, que somos enviados por el Señor. Y ello nos hace sentirnos familia, preocupados por la misión, para que cada día se realice con más fidelidad a Cristo y que se manifieste, en todas las latitudes del mundo donde se hace presente la Iglesia, que somos misioneros, que el bautismo nos hace sentir la necesidad de anunciar el Evangelio.

El Señor ha querido ponerme como padre y pastor al frente de la Iglesia que camina en Madrid, unido al sucesor de Pedro. Siempre os he pedido que recéis por mí, os he pedido que estemos unidos. Es la mejor manera y ayuda a la evangelización para que seamos creíbles y juntos anunciemos a Jesucristo, porque el anuncio no es una iniciativa de grupos, de asociaciones, de unos cuantos cristianos, tampoco ningún cristiano anuncia el Evangelio por sí. Somos todos juntos, como familia; nadie es más que otro, todos somos necesarios y todos con la conciencia clara de que somos una gran familia contigo, es decir, con el Señor. Con esta conciencia caminamos y sentimos la urgencia de vernos como familia, caminando juntos siempre, aceptando las diferencias legítimas. La tentación más grave para destruir la familia eclesial es ideologizar nuestra fe, porque es traicionar a la familia eclesial, a quien nos mueve, a quien nos une, a quien nos alienta, a quien nos hace salir de nosotros mismos, a quien nos hace misioneros, que es el mismo Jesucristo.

En este Día de la Iglesia Diocesana, sintamos, construyamos y vivamos la comunión, la misma que vivieron los primeros cristianos, que ponían todo en común, también sus bienes. Muchas gracias por vuestra colaboración y, sobre todo, por tomar cada día más conciencia de que somos una gran familia contigo.

Con gran afecto, os bendice.

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