Somos una gran familia contigo
† Jesús Sanz Montes O.F.M

Como miembros de una comunidad diocesana, todos los que la componemos somos una verdadera familia: los hay niños y ancianos, personas que se abren a los primeros retos y aquellos que tienen a anzada ya su sabiduría.

No hay sondeo de opinión o encuesta que se precie que no vuelva a poner en valor la altísima estima de que goza la familia. En ese contexto venimos a la vida y allí somos acogidos. Allí damos los primeros pasos y vamos absorbiendo los valores y perspectivas que la gente que más nos quiere nos va transmitiendo como mejor puede y sabe.

Como miembros de una comunidad diocesana, todos los que la componemos somos una verdadera familia: los hay niños y ancianos, personas que se abren a los primeros retos y aquellos que tienen a anzada ya su sabiduría; hogares donde todo discurre en paz y armonía y también casas en donde se pone a prueba la esperanza y sufren todo tipo de di cultades. Pero en todo caso y siempre, la familia es el espacio donde se nos acoge, se nos nutre, se nos educa y de ende, donde aprendemos a vivir las cosas con el mundo delante y donde incluso a Dios y su gracia somos despertados religiosamente.

Por eso, la comunidad diocesana necesita sostener todo cuando precisamos para abrazar la familia y salir al paso de sus gozos y alientos, así como de sus sofocos y estragos. La gran familia que representa la Iglesia diocesana tiene templos donde expresar la fe, locales donde dar catequesis, espacios donde acoger a los necesitados, medios e instrumentos donde compartir nuestra cultura y proponer la visión cristiana de la vida especialmente cuando esta se encuentra más amenazada. Por ese motivo, hemos de sentirnos miembros vivos de esta familia diocesana, donde con cada uno seguir llevando adelante lo que Jesús nos dejó como herencia y tarea en la Iglesia.

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