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Somos una gran familia contigo

† Jaume Pujol Balcells

Muy queridos en Cristo: un año más me dirijo a todos vosotros en este mes de noviembre en el que la Iglesia celebra la Jornada de Germanor, el Día de la Iglesia Diocesana, para pediros vuestra ayuda.

Es fácil darse cuenta que una diócesis tiene muchas necesidades para cumplir su cometido, que es especialmente evangelizar, celebrar los sacramentos, atender a los más pobres y necesitados, cuidar del patrimonio. También cuidar a las personas que sirven...

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Muy queridos en Cristo: un año más me dirijo a todos vosotros en este mes de noviembre en el que la Iglesia celebra la Jornada de Germanor, el Día de la Iglesia Diocesana, para pediros vuestra ayuda.

Es fácil darse cuenta que una diócesis tiene muchas necesidades para cumplir su cometido, que es especialmente evangelizar, celebrar los sacramentos, atender a los más pobres y necesitados, cuidar del patrimonio. También cuidar a las personas que sirven, especialmente a los sacerdotes, y velar por sus estructuras e instituciones: curia, seminario, parroquias, colegios y centros de formación, etc.

La Iglesia es una hermandad y en ella todos somos corresponsables. El primer gesto de corresponsabilidad que se pide a todos los cristianos es poner la X en la casilla correspondiente a la Iglesia católica en la declaración del IRPF, pero no es suficiente: todos los creyentes tenemos que dar un paso más en nuestro compromiso con la Iglesia para conseguir la autofinanciación de la diócesis, cosa que solo es posible por medio del compromiso fiel y periódico.

Pero también, en un mundo cada vez más secularizado, más indiferente y más alejado de Dios, es absolutamente necesario evangelizar. Esto significa sencillamente que todos nos tenemos que proponer vivir evangélicamente, para dar testimonio con nuestra vida a los que aún no creen, que también son hermanos nuestros. Y también que hay que ayudar y sostener todas las obras e evangelizadoras y asistenciales que la Iglesia mantiene, porque también los que están lejos son nuestros hermanos.

Con estas líneas os pido que toméis conciencia de vuestra responsabilidad en el sostenimiento de la Iglesia. Es responsabilidad de todos y nos afecta a todos. Os doy por anticipado las gracias por vuestra generosa colaboración.

Recibid, con todo mi afecto, mi bendición.

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