Somos una gran familia contigo

† Antonio Cañizares Llovera

Sentimos el gozo de ser Iglesia; somos Iglesia, «una gran familia contigo». Así lo reconocemos y manifestamos públicamente el Día de la Iglesia Diocesana, por la cual nos insertamos en la gran Iglesia, una, santa, católica y apostólica.

Sentimos el gozo de ser Iglesia; somos Iglesia, «una gran familia contigo». Así lo reconocemos y manifestamos públicamente el Día de la Iglesia Diocesana, por la cual nos insertamos en la gran Iglesia, una, santa, católica y apostólica.

Esta jornada nos hace recordar que, como a una madre –así es, pues somos una familia–, los cristianos, sus hijos, tenemos el deber de sostener a nuestra madre la Iglesia diocesana en sus necesidades económicas para poder llevar a cabo su misión. Como bien sabéis, la diócesis, como toda la Iglesia, se sostiene de la ayuda que recibe de vosotros: de los sacerdotes, de las parroquias, de las colaboraciones y ayudas de otras personas e instituciones y de manera muy principal del conjunto de los fieles cristianos que la integran, de manera muy concreta con la aportación por la asignación tributaria al hacer la declaración anual de la renta. Los bienes patrimoniales de la Iglesia que sean productivos son escasos e incapaces de todo punto de poder atender a cuanto la Iglesia requiere para llevar a cabo su servicio evangélico y evangelizador entre los hombres de nuestros pueblos y de otros lugares de la tierra.

Esta contribución de todos hacen posible garantizar no solo un tenor de vida digno y austero a los cientos de sacerdotes que actúan en nuestras parroquias o en las misiones, sino también atender a necesidades inmediatas y aliviar sufrimientos y pobrezas y otras tareas que expresan el servicio de la Iglesia a los hombres, además de construir templos nuevos, restaurar antiguos, edificar casas y lugares de encuentro y reunión parroquiales, sostener las obras apostólicas de las distintas delegaciones pastorales y poder aliviar nuevas pobrezas de hoy. Por todo esto que venís haciendo con verdadera generosidad y amor a la Iglesia os felicito y os doy las gracias de todo corazón.

Vuestra contribución, que esperamos podáis seguir ofreciéndola muchos años, es una señal de vuestra comunión con la Iglesia, una verdadera experiencia de comunión eclesial, una expresión clara de la corresponsabilidad de todos en ella y de que en verdad somos una familia: «Una gran familia contigo».

La Iglesia, nuestra diócesis, siempre, y en las actuales circunstancias aún más si cabe, quiere vivir y testimoniar la pobreza evangélica, no porque renuncie a los recursos materiales, sino porque no tiene ni quiere nada para sí y quiere que sus bienes y las aportaciones que recibe se pongan en circulación al servicio de las necesidades de los más pobres y de las tareas pastorales, educativas y de caridad. Somos muy conscientes de que estos recursos económicos son necesarios y se utilizan con la libertad de quien sabe que se trata de instrumentos para el anuncio del Evangelio, porque «el espíritu de pobreza y de caridad es la gloria y el testimonio de la Iglesia de Cristo» (GS, n. 88). Así hacéis el bien.

Os exhorto a que no dejéis de hacer el bien. La Iglesia cuenta con cada uno de sus hijos en la construcción del reino de Dios. Ayudemos a esta gran familia que somos en su misión de evangelizar y de dar testimonio del Evangelio de la caridad, con nueva fuerza y con el testimonio de la unidad. Caminemos juntos hacia la unidad querida por Cristo, que se fundamenta en el amor. Os pido vuestra aportación, para colaborar en las necesidades de la diócesis. Todos somos necesarios. Todos somos hijos y hermanos de esta gran familia, y entre todos, con la colaboración de todos –cada uno como pueda y en la cantidad que pueda– hemos de «sacarla adelante». En una familia se comparte: compartamos, pues. Muchísimas gracias a todos. Que Dios os pague y bendiga, Él siempre paga.

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