Somos una gran familia contigo

† Ricardo Blázquez Pérez

Desde hace años venimos celebrando el Día de la Iglesia Diocesana; un día que repercute en todos los días del año. Estamos convencidos de que poco a poco va calando en la conciencia de los cristianos el que formamos parte de la Iglesia católica a través de nuestra diócesis. La Iglesia no es simplemente una organización internacional a la que nos apuntamos a distancia y de una manera genérica. La Iglesia existe siempre en lugares concretos y en la proximidad. Esta visión de la Iglesia, profundizada por el Concilio Vaticano II, nos ha conducido a la Jornada de la Iglesia Diocesana.

Desde hace años venimos celebrando el Día de la Iglesia Diocesana; un día que repercute en todos los días del año. Estamos convencidos de que poco a poco va calando en la conciencia de los cristianos el que formamos parte de la Iglesia católica a través de nuestra diócesis. La Iglesia no es simplemente una organización internacional a la que nos apuntamos a distancia y de una manera genérica. La Iglesia existe siempre en lugares concretos y en la proximidad. Esta visión de la Iglesia, profundizada por el Concilio Vaticano II, nos ha conducido a la Jornada de la Iglesia Diocesana.

Un cristiano, además de ser hijo de Dios, es también un hermano; la fe en Jesucristo nos fraterniza. Un cristiano, por ello, nunca debe sentirse solitario ni aislado ni relegado a vivir en los márgenes. En el hogar, que es la Iglesia, tenemos todos un lugar. Nadie es sobrante ni autosuficiente ni imprescindible. La relación con Dios por la fe, la esperanza y el amor ensancha nuestro corazón y nuestra vida a la fraternidad cristiana y a la mesa compartida. «Allí donde va un cristiano / no hay soledad, sino amor / pues lleva toda la Iglesia / dentro de su corazón» (J.L. Martín Descalzo).

Todo cristiano, en virtud de los sacramentos de la iniciación, está llamado al apostolado. Es un discípulo misionero. La dimensión apostólica no es algo añadido opcionalmente. Ser apóstol entra en la condición de bautizado y de cristiano. Formamos la familia de los hijos de Dios, de los amigos de Jesús y de los enviados con la fuerza del Espíritu Santo. «Somos una gran familia contigo». Dios nos ama personalmente a cada uno y cuenta con nosotros, contigo y conmigo. Nadie se considere excluido. Compartimos la misma dignidad personal y la misma gracia bautismal.

Laicos, ministros ordenados sacramentalmente y cristianos consagrados somos enviados en la diversidad y complementariedad de las vocaciones a cumplir la misión encomendada por el Señor. En la situación actual de nuestras diócesis y comunidades cristianas, los laicos también están llamados a colaborar en los servicios pastorales básicos. Un laico, adecuadamente preparado, puede presidir una asamblea dominical en ausencia de presbítero; y esta situación litúrgicamente extraordinaria, pero frecuente en muchas zonas, está mostrando la necesidad vital de vocaciones sacerdotales.

No debe haber cristianos de brazos caídos. Una comunidad será tanto más viva cuanto más participen en ella sus miembros. No acudimos a la asamblea a ver qué pasa, a oír qué se dice, a ser espectadores. La participación abarca la vida entera de la Iglesia, la catequesis, la celebración litúrgica, la colaboración en Cáritas, la atención a los enfermos, la ayuda económica. El Día de la Iglesia Diocesana es como un despertador de nuestra conciencia eclesial.

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