Sin ti no hay presente. CONTIGO hay futuro.

† Vicente Jiménez Zamora

Queridos diocesanos: el Día de la Iglesia Diocesana, que celebramos el domingo 10 de noviembre de 2019, es una buena ocasión para reforzar en todos nosotros el sentido de pertenencia afectiva y efectiva a la Iglesia particular de Zaragoza. Es una llamada a identificarnos más plenamente con lo que la diócesis es y con lo que hace.

En esta jornada debemos dar gracias a Dios por pertenecer a nuestra dióce- sis de Zaragoza, de solera histórica, mariana, apostólica y martirial. Estamos llamados a orar por todos sus miembros, laicos, personas consagradas, sacerdotes y arzobispo, para que vivamos cada uno nuestra propia vocación y misión.

El lema está en continuidad con el de los últimos años. «Somos una Iglesia contigo» subraya la palabra contigo. Es una interpelación personal y directa a cada uno en particular, con el subtítulo «Sin ti no hay presente. Contigo hay futuro». La realidad de la Iglesia diocesana nos afecta a cada uno personalmente.

Cuerpo de Cristo llama san Pablo a la Iglesia para expresar los vínculos y la interdependencia que existe entre los cristianos, porque «todo el cuerpo crece según la operación propia de cada uno de sus miembros» (Ef 4, 16). La Iglesia, en expresión de san Cipriano de Cartago, es la madre que nos ha engendrado y que nos permite tener a Dios como Padre. Al sentirla como ma- dre, la sentimos también como nuestra propia familia; como el hogar cálido que nos acoge y acompaña; como la mesa familiar en las que restauramos las fuerzas desgastadas y la fuente de agua viva que nos purifica y nos renueva. «En la familia, en la Iglesia, la savia vital es el amor de Dios que se realiza en amarle a Él y a los demás, a todos, sin distinción ni mesura. La Iglesia es una familia en la que se ama y se es amado […]. La fe es un don y un acto que nos afecta personalmente, pero Dios nos llama a vivir, juntos, nuestra fe, como una familia, como Iglesia» (papa Francisco).

Nuestra programación pastoral para este curso 2019-2020 tiene como lema Una Iglesia diocesana con corazón: una buena noticia para los pobres. Queremos seguir creciendo en la dimensión social de la evangelización y el compromiso de la caridad que nace de la fe en Dios. La conversión auténtica encierra una esmerada solicitud por los pobres desde el encuentro con Cristo. La conversión a Cristo ha de ir de la mano de una vuelta a los pobres y necesitados. Al contemplar las necesidades y estrecheces de los desfavorecidos con el corazón y con los ojos de Cristo, crece la dimensión social y caritativa de nuestra fe. Una Iglesia diocesana con corazón se convierte en «comunidad de bienes» espirituales y materiales, sin la cual no es posible la misión evangelizadora.

Colaboración económica. Para que nuestra Iglesia diocesana de Zaragoza pueda cumplir su misión evangelizadora, acompañando a todos y ayudando a los que más lo necesitan, es necesaria la colaboración económica de los católicos y de todas las personas que valoran su labor.

Como arzobispo agradezco de corazón vuestra entrega personal en los múltiples servicios de la Iglesia y vuestra generosa colaboración económica. ¡Muchas gracias!

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