Somos una gran familia contigo
† Vicente Jiménez Zamora

La Jornada del Día de la Iglesia Diocesana es una buena ocasión para reforzar en todos nosotros el sentido de pertenencia efectiva y afectiva a la Iglesia particular de Zaragoza, que peregrina en esta bendita tierra de Aragón.

Queridos diocesanos: la Jornada del Día de la Iglesia Diocesana es una buena ocasión para reforzar en todos nosotros el sentido de pertenencia efectiva y afectiva a la Iglesia particular de Zaragoza, que peregrina en esta bendita tierra de Aragón. Es una llamada a identificarnos más plenamente con lo que la diócesis es y con lo que hace.

El lema de este año 2016 es Somos una gran familia contigo. El Concilio Vaticano II nos ha recordado que la Iglesia es la gran familia de los hijos de Dios y que la forma ordinaria de pertenecer a la Iglesia católica, en su realidad visible, es formar parte de una diócesis, presidida por el obispo, sucesor de los apóstoles, en comunión con el sucesor de Pedro, el obispo de Roma. La diócesis es, pues, nuestra familia, el lugar concreto donde “está verdaderamente presente y actúa la Iglesia de Cristo, una, santa, católica y apostólica (ChD 11).

Este sentido de familia lo vivimos en comunión con los hermanos, en comunidades vivas, en salida y acogedoras. El Papa Francisco nos está mostrando con los gestos y con la doctrina la necesidad de una Iglesia cercana y acogedora, y nos pide a todos, obispos, sacerdotes, miembros de vida consagrada y eles laicos que estemos siempre en actitud de servicio y misión, mostrando la alegría del Evangelio. Este es el mensaje de su exhortación apostólica Evangelii gaudium.

Nuestra archidiócesis de Zaragoza, en la Programación Pastoral de este curso 2016-2017, en sintonía con este espíritu del Papa Francisco, quiere “desarrollar una pastoral misionera: al encuentro de las personas (especialmente de los jóvenes y de las familias), con nuevos lenguajes” y “cultivar el encuentro personal con Dios y vivir el seguimiento de Jesucristo”.

La archidiócesis es casa de todos y cosa de todos. Esto supone nuestra participación activa y responsable en sus tareas y nuestra colaboración económica para ayudarla en sus necesidades, que son muchas. Como arzobispo de Zaragoza os agradezco de corazón vuestra entrega personal en los múltiples servicios de la Iglesia y vuestra generosa contribución. ¡Muchas gracias!

Con mi afecto, gratitud y bendición.

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