Sin ti no hay presente. CONTIGO hay futuro.

† Ángel Fernández Collado

Muy queridos cristianos de la diócesis de Albacete: el próximo domingo 10 de noviembre, celebraremos el Día de la Iglesia Diocesana con el lema: «Sin ti, no hay presente. Contigo hay futuro».

Muchos de vosotros habéis nacido a la fe en esta Iglesia de Albacete. En ella, vuestra vida cristiana es alimentada en la mesa de la Palabra y de la eucaristía; en ella os habéis unido en matrimonio para formar una familia cristiana; en ella sois fortalecidos con la esperanza de la vida eterna. A pesar de nuestros fallos y deficiencias, somos una buena familia, una familia ejemplar impulsada por el Amor Divino, que, a la vez que intentamos vivir nuestra fraternidad eclesial como miembros de un mismo cuerpo, queremos colaborar para hacer de este mundo la gran familia de los hijos de Dios. Nuestra Iglesia, por eso, abre los brazos a todos, empezando por los más necesitados, sin limitación ninguna por razones de religión, color o situación social. Queremos ofrecer a todos, sin ningún tipo de imposición, la alegría del Evangelio, como un don que también nosotros hemos recibido. El tesoro, lleno de amor, del Evangelio es capaz de cambiar el corazón del hombre y el mundo.

Hay todavía muchas personas que no han tenido la oportunidad de conocer a Cristo. Y hay un número importante de bautizados en quienes se ha ido deteriorando la relación con Dios y con la Iglesia, necesitados de una nueva evangelización. Por eso considero cada día más importante que los que formamos la Iglesia católica en Albacete seamos conscientes de cuál es nuestro papel en la sociedad albaceteña en el futuro inmediato. Somos un grupo enorme dentro del territorio de la diócesis, distribuidos en cuatro zonas pastorales (Levante, La Sierra, La Mancha y la ciudad de Albacete): unos 388.786 habitantes.

Es fundamental que sepamos que somos una gran familia, no una reliquia del pasado, sino miembros de algo muy grande: el Pueblo de Dios, la Iglesia, que es el Cuerpo de Cristo, su Esposa: una, santa, católica y apostólica. Podemos ser resto, pero no “residuo”, pues amamos a todos, incluso a los que no nos comprenden o no nos quieren bien y queremos contribuir al bien común.

También es fundamental que no creamos que nuestra fe se vive solo interiormente, sino saber que la Iglesia es visible y está en medio de este mundo mostrando su fe y su identidad. Por ello contribuimos a que pueda ser también viable económicamente, como otras instituciones de nuestra sociedad, porque pagamos nuestros impuestos y contribuimos al bien común de pueblos, barrios y ciudades, y elegimos a nuestras autoridades. También queremos mostrar que tenemos unos derechos, pues la Iglesia no es únicamente el obispo, los sacerdotes y unos pocos más, sino un grupo sociológicamente mayoritario. En la medida en que conscientemente nos sentimos católicos, hijos de la Iglesia, aportaremos económicamente más para su sustento, porque la Iglesia es nuestra, porque somos Iglesia.

Agradezco la generosidad de tantos que ofrecéis vuestra persona, vuestro tiempo y vuestra ayuda económica para revitalizar la vida y el mantenimiento de nuestra Iglesia. ¡Gracias!

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