Sin ti no hay presente. CONTIGO hay futuro.

† Juan Antonio Reig Plà

Entre nosotros, cuando nos referimos a la Iglesia diocesana, es natural que pensemos en las estadísticas, en el número de fieles que frecuentan las parroquias, en la presencia de los movimientos y asociaciones, hermandades, cofradías, etc. Sin querer puede que se introduzca sutilmente la tentación de que nuestro presente y nuestro futuro dependen solo de nosotros, de nuestras estrategias y de nuestro esfuerzo por llevar adelante la misión de la Iglesia. Indudablemente no habría diócesis, ni parroquias, ni movimientos, etc. sin la colaboración de tantos bautizados católicos que son nuestra familia diocesana y en quienes reconocemos la labor de tantos sacerdotes, religiosos, vida consagrada y seglares que se sienten llamados por el Señor a trabajar en su viña. Evidentemente todos ellos configuran nuestro presente y son una promesa de cara al futuro.

Ahora bien, más allá de las estadísticas, nuestro presente y nuestro futuro están anclados en Dios y en su gracia. La imagen más esclarecedora de lo que quiero decir está contenida en la parábola de la vid y los sarmientos (Jn 15). En esta parábola el Señor nos invita a vivir unidos a Él, a participar de su vida para dar frutos hasta el extremo de decir: «Sin mí, no podéis hacer nada» (Jn 15, 5). Siendo ambos elementos necesarios, la acción de Dios y la nuestra, no podemos dudar de que toda la fuerza vivificadora de nuestra diócesis de Alcalá de Henares viene de la gracia redentora de Jesucristo. Él es el Maestro, el Pastor, quien nos llama y nos redime. Nosotros, los fieles católicos, somos los redimidos y agraciados, quienes, como los sarmientos, podemos dar frutos si estamos unidos a la vid. Siendo esto así, podemos afirmar sin lugar a dudas que sin Él (el Señor) no hay presente en nuestra diócesis complutense, y con Él nos podremos abrir al futuro con esperanza. A nosotros, por la participación en su gracia, nos corresponde colaborar en la evangelización y santificación de los fieles.

Sea este nuestro propósito para celebrar con gratitud y alegría el Día de la Iglesia Diocesana. En la Iglesia, nuestra madre, recibimos la Palabra de Dios, los sacramentos que nos redimen y santifican y, en ella, reconocemos la familia de los hijos de Dios. Es la caridad la que sostiene todo nuestro trabajo y nos identifica. Por eso os ruego, queridos fieles diocesanos, que, movidos por la gracia de Dios, os sintáis corresponsables del encargo que el Señor hace a nuestra diócesis de Alcalá de Henares y, entre todos, procuremos sostener todas sus cargas.

Con mi bendición.

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