La diócesis es tu familia. Somos una gran familia CONTIGO

† José Luis Castro Pérez. Administrador Diocesano de Astorga.

La presencia y acción de la Iglesia en la sociedad no es un elemento extraño en la vida de los cristianos. Tampoco lo es para los no creyentes, pues su actividad religiosa, social y cultural es algo cotidiano en nuestros pueblos y ciudades. Precisamente por ser tan cercana a todos corre el riesgo de pasar desapercibida o ser malinterpretada.

Es un deber de todos los cristianos, especialmente de los que tienen una responsabilidad en el gobierno de las diócesis, poner de manifiesto sin miedo lo mucho y bueno que hacemos los católicos, ya que nuestra fe nos impulsa a ofrecer a los demás el tesoro de fraternidad y gracia que Dios puso en nuestro corazón el día de nuestro bautismo. Esta enorme comunidad de bautizados formamos la gran familia de la Iglesia, que no es un grupo cerrado y autosuficiente, sino que, movido por un proyecto evangélico, abre su hogar a todos aquellos con los que convive, sobre todo a aquellos que más lo necesitan.

Ningún ámbito de la actividad humana es ajeno a la Iglesia. Para todos los buenos proyectos y los deseos legítimos de las personas ofrece su acompañamiento la comunidad cristiana. Allí donde labran su futuro, afrontan su enfermedad, expresan su arte, anhelan prosperidad, rechazan esclavitudes, huyen de la muerte o depositan sus esperanzas de eternidad está la Iglesia. La labor de esta, tantas veces callada, en el campo de la educación, la sanidad, la cultura, la erradicación de la pobreza, la lucha contra las dependencias, la recuperación de la dignidad, la defensa de la vida o el culto litúrgico engrandece la existencia de los hombres y mujeres de nuestro tiempo, que saben que en esta institución pueden encontrar la colaboración material y espiritual que necesitan.

Solo la familia ofrece a sus miembros la confianza, el cariño y las posibilidades de promoción que toda persona busca, aunque haya vivido mucho tiempo distanciado de los suyos o no haya sabido corresponder a su amor. Es sobre todo en las situaciones difíciles cuando esa persona percibe que su familia es lo más grande que tiene y que esta no le va a fallar.

Esta es precisamente la identidad de la Iglesia que, iluminada por el ejemplo del Señor e impulsada por la fuerza vital del Evangelio, considera a todos los hombres miembros de su propia familia. Por eso, la Iglesia diocesana pone a disposición de aquellos de los que está más cerca una gran parte de sus miembros, sus recursos, sus esfuerzos y sus proyectos. Pero para que la acción de esta familia cristiana más próxima sea eficaz es necesario que todos los que nos sentimos parte de ella aportemos aquello con lo que podamos colaborar: tiempo, dinero, apoyo, oración o, si cabe, la vida entera.

La gran familia cristiana de la diócesis de Astorga quiere hacer realidad esta vocación fraterna entre la gente de nuestra tierra, para que los que en ella viven se sientan queridos y acompañados en sus anhelos y esperanzas. Ojalá que los bautizados, hijos de la Iglesia universal presente en esta diócesis, tengamos la generosidad de aportar una parte de lo que tenemos para poner de relieve ante el mundo los que somos: una gran familia con Él.

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