Sin ti no hay presente. CONTIGO hay futuro.

† Ángel Pérez Pueyo

Queridos diocesanos: cuando el pasado mes de marzo se abrió el Año Jubilar diocesano, me planteé una pregunta: ¿qué sería del Alto Aragón sin la Iglesia? ¿Hubiera cambiado la historia? ¿En qué sería diferente hoy? Hace siglos, las primeras comunidades cristianas asentadas en el Sobrarbe, la Ribagorza, el Somontano, La Litera, el Cinca Medio o el Bajo Cinca comenzaron a construir un legado que, aumentado y enriquecido por los millones de creyentes que han ido recogiendo su testigo, ha llegado hasta nosotros.

Hoy lo visibilizamos en el arte, en los templos cuyas paredes han albergado el anuncio y la celebración de la comunión con un Dios que siempre nos ama, pero también lo hallamos en la herencia espiritual de un modo concreto de estar en el mundo: amando, siguiendo y sirviendo al Señor hasta que duela. Su huella es indeleble y nos recuerda que los verdaderos creyentes son los que, desarrollando todas sus capacidades y potencialidades, se constituyen en ofrenda para los demás.

Como en una familia, en la que cada uno de sus miembros aporta lo mejor de sí mismo, los cristianos católicos que vivimos en este territorio altoaragonés estamos llamados a servir a los demás y a hacerlo desempeñando la tarea con la que cada uno se sienta más cómodo y capaz, en las cuatro dimensiones evangelizadoras: el anuncio, el servicio caritativo, la celebración y la coordinación. Y todos, sacerdotes, religiosos y laicos, estamos llamados a ser corresponsables con esa misión, cada cual en la medida que le corresponda, sabiéndonos amados dentro de la gran familia de los hijos de Dios.

Los cristianos no vamos a la iglesia, los cristianos somos Iglesia, una comunidad de fe, bendecida por Cristo, que desarrolla una ingente labor asistencial y caritativa, acompaña a los mayores y a los enfermos, educa y guía a niños, jóvenes y adultos, celebra los sacramentos, conserva las tradiciones... Lo hacemos juntos, contigo, aportando tiempo, cualidades, oraciones o donativos que permiten seguir sustentando nuestro compromiso milenario con este territorio, articulador alrededor de nuestras comunidades parroquiales, grupos y movimientos.

Solo así, uniendo nuestras manos y talentos como en una gran orquesta bien afinada, sacaremos adelante los muchos proyectos en los que estamos trabajando: desde la organización corresponsable por arciprestazgos, a esa revolución de la ternura que encarnan nuestros apóstoles de calle pasando por la conservación del patrimonio cultural, creado para el culto y la liturgia, fines que hemos de preservar. A esta significativa labor la Iglesia diocesana destina una importante dotación de recursos, humanos y económicos, para garantizar su uso cultual y cultural, ambos siempre con el propósito de dar servicio a la sociedad, para su disfrute, refugio, oración, acogida...

Este patrimonio es de todos y para todos, y permanece fiel a su espíritu inicial: el servicio a los fieles, la acogida. Así lo mantenemos hoy, vivo, abierto y accesible para el servicio de la comunidad, pese a los pocos recursos de los que dispone esta familia. Tenemos un único objetivo: que todos encontremos su puerta abierta y, de una u otra forma, la ayuda, el impulso, la paz, el consuelo, el recurso que necesitemos en cada momento.

Gracias por tu generosidad.

Con mi afecto y bendición.

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