Somos una gran familia contigo

† Ángel Pérez Pueyo

Contigo, si no te avergonzaras de esta gran familia que te «engendró a la vida» y te «implicaras a fondo», podríamos mirar más lejos, apuntar más alto, soñar con realismo un futuro alternativo. Haz de tu familia una iglesia doméstica, fuente y escuela de fraternidad.

Un profesor hizo un examen «sorpresa» a sus alumnos. El susto mayor se lo llevaron cuando supieron la pregunta. En la hoja del examen solo había un punto negro en el centro.

–Describan con detalle lo que vean ―les indicó.

Al terminar, recogió las hojas y las fue leyendo en voz alta. Todos, sin excepción, se limitaron a hablar del punto negro.

–¡Me sorprende ―replicó― que nadie haya reparado en la «hoja en blanco»!

En la vida nos sucede lo mismo. Solo nos fijamos en las posibles «motas» que nos afean en lugar de descubrir y valorar la «hoja en blanco» donde se pueden escribir tan bellas y diversas historias vividas con nuestros padres, hermanos, abuelos, con nuestra familia, nuestros amigos, compañeros, vecinos, paisanos... También en la vida de la Iglesia descubrimos sus defectos, sus miserias, sus «arrugas» que, merced a la «infidelidad» de sus propios hijos, han quedado marcadas en el rostro de esta madre que únicamente pretende congregar a todos sus hijos en torno a la misma mesa familiar.

Sin embargo, contigo, si no te avergonzaras de esta gran familia que te «engendró a la vida» y te «implicaras a fondo», podríamos mirar más lejos, apuntar más alto, soñar con realismo un futuro alternativo… Resultan escalofriantes las cifras ―que muchos ignoran o silencian― de esa nube ingente de personas que invierten millones de horas al servicio de los demás, especialmente de los que la sociedad excluye. No te confundas, la Iglesia no es tu «enemiga» sino tu madre. No es una «secta» sino el seno materno, el «microclima» que la humanidad crea para que florezcan todos los valores que dignifican a la persona y recrean un mundo más libre, fraterno y solidario. Esto es lo realmente audaz, moderno y fascinante: hacer de la Iglesia tu verdadero hogar, tu casa de acogida. Haz de tu familia una iglesia doméstica, fuente y escuela de fraternidad.

Con mi afecto y bendición.

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