Sin ti no hay presente. CONTIGO hay futuro.

† Rafael Zornoza Boy

Queridos amigos: como cada año, la Iglesia española celebra el Día de la Iglesia Diocesana, una jornada que va más allá de la fecha en el calendario, puesto que apunta a la realidad de la comunión eclesial de la que todos formamos parte y hemos de hacer posible. 

Como recordé en la carta pastoral para este curso, siguiendo al papa Francisco, todos hemos de «redescubrir el sensus Ecclesiae que nos libra de particularismos, personalismos narcisistas y tendencias ideológicas, y que siempre va unido a la comunión de la que puede nacer una verdadera sinodalidad para caminar unidos en la fe y el amor».

Este sentido de Iglesia pasa también por reconocernos no solo partícipes de ella, sino responsables de su presente y de su futuro. Un compromiso que se pone de relieve en el lema «Sin ti no hay presente, contigo hay futuro» que acompaña al mensaje «Somos una gran familia contigo».

La Iglesia necesitará siempre de sus fieles para sacar adelante la tarea encomendada por el propio Cristo. Ya desde sus inicios, la primitiva comunidad apostólica fue un ejemplo de esta generosidad: «Los creyentes vivían todos unidos y tenían todo en común; vendían posesiones y bienes y los repartían entre todos,  según la necesidad de cada uno» (Hch 2, 44-45).

Hoy, como entonces, las necesidades pastorales y asistenciales de la Iglesia son numerosas, y su desarrollo depende de la generosidad de cada uno de nosotros. Como destaca el papa Francisco: «La fe se hace entonces operante en el cristiano a partir del don recibido, del Amor que atrae hacia Cristo (cf. Gá 5, 6), y le hace partícipe del camino de la Iglesia, peregrina en la historia hasta su cumplimiento. Quien ha sido transformado de este modo adquiere una nueva forma de ver, la fe se convierte en luz para sus ojos» (LF, n. 22).

Los ejemplos son numerosísimos y variados, como los carismas que el Espíritu Santo hace brotar en la iglesia: un ejemplo es la labor catequética de los  misioneros y de los miles catequistas en tantas parroquias y comunidades, un ejemplo es la vida de tantos sacerdotes entregados que llevan consuelo y alimento divino a millones de almas siendo, en sus localidades, «hospital de campaña», otro ejemplo es la conservación de nuestros templos, patrimonio de creyentes y no creyentes; y tantas otras tareas que tienen un claro reflejo en nuestra diócesis. Son evidentes los esfuerzos del Secretariado de Migraciones, referente en España y más allá de nuestras fronteras, en la acogida, integración y ayuda a los «más pobres de los pobres», o el ingente trabajo de Cáritas, tanto en parroquias como en proyectos diocesanos, en favor de la empleabilidad, la formación y la atención básica, o quizás menos «llamativa» la labor de los COFs con las familias que buscan ayuda. De todas ellas hablamos cuando nos referimos a la Iglesia diocesana, de todas ellas somos responsables como miembros de esta comunidad.

Sintámonos todos llamados e invitados por el Señor para empeñarnos en el cumplimiento de la misión de la Iglesia entera. Pongamos lo mejor de nosotros mismos con todo el ardor pastoral, con un corazón lleno de ilusión y esperanza, de tal manera que, cumpliendo nuestra tarea, se obtengan los frutos pastorales al servicio de la evangelización que hace presente en el mundo el consuelo de Dios que necesita nuestra sociedad. 

Rezo cada día por vosotros, rezad también vosotros por mí.

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