Somos una gran familia, contigo.

† Rafael Zornoza Boy

Queridos amigos: somos lo que tú nos ayudas a ser. Somos una gran familia contigo. Con tu tiempo, tus cualidades, tu apoyo económico y tu oración #SomosIglesia24Siete. El lema del Día de la Iglesia Diocesana de este año amplía, en cierto modo, el que ya veníamos conociendo: “Somos una gran familia contigo”, para dirigirnos un agradecimiento implícito y es que todos, somos y hacemos la Iglesia. Es, al fin y al cabo, una materialización de la comunión de los santos, algo que, a veces, nos queda lejano o incluso, ininteligible.

Ser y hacer Iglesia se identifican de este modo; por eso, como ocurre con nuestra familia de sangre, el amor no solo se presupone, sino que se manifiesta, con la entrega de nuestro tiempo, con nuestra ayuda económica también. Nunca como en los últimos meses, hemos sido conscientes de lo que significa realmente la familia, la amistad… y la posibilidad de participar, físicamente, de una comunidad en la que nos sentimos amados y que reclama nuestro amor. Como señalaba Benedicto XVI en Deus Caritas est: «si en mi vida omito del todo la atención al otro, queriendo ser solo “piadoso” y cumplir con mis “deberes religiosos”, se marchita también la relación con Dios. Será únicamente una relación «correcta», pero sin amor. Solo mi disponibilidad para ayudar al prójimo, para manifestarle amor, me hace sensible también ante Dios. Solo el servicio al prójimo abre mis ojos a lo que Dios hace por mí y a lo mucho que me ama». Una idea que recoge también el papa Francisco al afirmar «cuando buscamos el rostro del Señor, podemos reconocerlo en el rostro de los pobres, de los enfermos, de los abandonados y de los extranjeros que Dios pone en nuestro camino. Y este encuentro también se convierte para nosotros en un tiempo de gracia y salvación, confiriéndonos la misma misión encomendada a los apóstoles». 

Esta materialización del amor, de la caridad de Dios, es lo que hemos podido constatar, de manera evidente, en estos tiempos de pandemia que nos ha tocado vivir: la presencia constante “24/7” de la Iglesia a través de sus Cáritas parroquiales, comedores, albergues… y también de esa presencia del consuelo de Dios cercano a quienes se han visto afectados por esta enfermedad, por la muerte, la pérdida de familiares o amigos, o la destrucción de su empleo y la incertidumbre ante el futuro… 

El Día de la Iglesia Diocesana nos recuerda hoy que, recuperar la normalidad, para los que nos sentimos parte de esta familia de la Iglesia o queremos colaborar con ella, no se reduce a quitarnos una mascarilla sino a ser más humanos, solidarios, serviciales, dando la vida por una sociedad más justa que vive según con conciencia moral, el ejercicio de la caridad política y del bien común. Por eso, cada año, pero quizás, con más motivo si cabe en este tiempo, nuestras cualidades, nuestra oración y nuestra aportación económica son claves para que la Iglesia pueda responder a las necesidades, espirituales y también materiales, de tantas y tantas personas. 

Queridos amigos, diocesanos todos, rezo cada día por vosotros, rezad también por mi, para que pueda responder junto a vosotros a esta llamada que Dios nos hace cada día a través del prójimo.

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