Somos una gran familia contigo

† Rafael Zornoza Boy

Queridos amigos: un año más, dentro de la campaña del Día de la Iglesia Diocesana, me dirijo a todos vosotros en esta jornada que nos recuerda nuestro ser y deber para con la Iglesia particular de la que somos hijos.

Queridos amigos: un año más, dentro de la campaña del Día de la Iglesia Diocesana, me dirijo a todos vosotros en esta jornada que nos recuerda nuestro ser y deber para con la Iglesia particular de la que somos hijos.

Este día ha de ser para todos un momento de especial unión y participación comunitaria, en primer lugar, en la eucaristía, centro y cumbre de nuestra vida espiritual y fuente de esta fraternidad real que hemos de vivir en la Iglesia. Demos gracias a Dios por esta comunidad viva que crece en la fe y que se renueva espiritualmente para evangelizar, como es su misión, y que, ante los retos actuales, asume nuevos métodos de evangelización, como son, por ejemplo, los cenáculos de muchas de nuestras parroquias, la implantación de oratorios de niños –una iniciativa especialmente hermosa y llena de futuro–, las sucesivas ediciones de las Escuelas de Evangelizadores y de Discipulado para adultos y para jóvenes, de donde están surgiendo un grupo fuerte de laicos formados y con una fuerte vibración apostólica y amor decidido para con los necesitados. Esta experiencia de comunión nos ayuda a vivir la fraternidad y fomenta entre nosotros mayor disponibilidad al servicio. Nuestra Iglesia diocesana, la familia de los hijos de Dios que peregrina en nuestra tierra, crece también a través de estas iniciativas, que hemos de acoger y promover con convicción, junto con las propias de cada parroquia, grupo, asociación, hermandad o cofradía de la que formemos parte. Es encomiable, además, el esfuerzo compartido para atender a través de Cáritas las necesidades de tantísimos desempleados, excluidos y necesitados, así como el acuciante desvelo por los emigrantes que, de modo masivo, se nos presentan.

Con gran satisfacción hemos cerrado hace pocas semanas el Año Jubilar diocesano con motivo del 750 Aniversario de Traslado de la Sede de Medina Sidonia a Cádiz y 600 de la creación de la diócesis de Ceuta. Esta providencial coincidencia de fechas ha sido un punto más de unión entre estas diócesis, hermanadas bajo un mismo obispo, que han celebrado juntas la herencia recibida por tantos testigos que han hecho posible, en estos siglos, la presencia del reinado Dios entre los hombres, superar las dificultades de la vida en cada época con fortaleza y entrega a los demás, y nos han otorgado la gracia de la fe que hemos de cuidar, acrecentar y expandir. Un año de gracia que también nos ha hecho crecer.

Vivamos, pues, esta Jornada con gratitud y alegría. En este Día de la Iglesia Diocesana, seamos también conscientes de que nuestra aportación económica, nuestra participación personal y nuestra oración son necesarias para seguir desarrollando y mejorando estas acciones de evangelización y poner en marcha otras iniciativas que sigan acrecentando nuestro compromiso apostólico y la presencia viva de la Iglesia en nuestra sociedad. Para ello, como destacaba el papa Francisco en un encuentro en su diócesis de Roma, «será necesario que nuestras comunidades se vuelvan capaces de generar un pueblo –es importante, no lo olvidéis: Iglesia con pueblo, no Iglesia sin pueblo–, es decir, capaces de ofrecer y generar relaciones en las que nuestra gente pueda sentirse conocida, reconocida, acogida, querida, en resumen: parte no anónima de un todo». Así ha de ser nuestra identidad de hijos de la diócesis de Cádiz y Ceuta, pueblo unido que camina dejando patente su alegría y orgullo de ser cristianos e hijos de la Iglesia.

Queridos amigos, rezo cada día por vosotros. Con más motivo, si cabe, en esta Jornada de la Iglesia Diocesana, en la que los pastores hemos de renovar nuestro compromiso con la Iglesia particular de la que somos cabeza y a la que nos debemos. Rezad vosotros por mí para que sea un servidor bueno y fiel en la tarea que el Señor me ha encomendado en nuestra querida diócesis de Cádiz y Ceuta.

Que Dios os bendiga.

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