Sin ti no hay presente. Contigo hay futuro.

† Francisco Cases Andreu

Con las palabras sencillas que les dirijo al llegar el Día de la Iglesia Diocesana me puedo permitir hacer pequeñas trampas con el lenguaje. Hace pocos días preparando una homilía me vino a la memoria una preciosa frase de Moisés, cuando habla con Yavé, que le empuja a guiar al pueblo desde Egipto a la tierra prometida. “Anda, sal de aquí, con el pueblo que sacaste de Egipto. Enviaré delante de ti un ángel. Yo no subiré contigo a la tierra que mana leche y miel porque es un pueblo de dura cerviz”. Moisés responde al Señor: “Si no vienes tú en persona, no nos hagas salir de aquí”.

A veces los defectos de la comunidad, en los feligreses o en  los pastores, nos mueven a distanciarnos, a no participar en las cosas, en las actividades, en las iniciativas, en los tiempos comunes. Y hasta abandonamos la familia parroquial porque “¿a dónde vamos a ir con estos?”. En esos encantadores diálogos de Yavé con Moisés, que se hablaban como un amigo con su amigo, parece que Yavé intenta dejar solo a Moisés como guía. Éste replica intercediendo por el pueblo y pidiendo que sea Yavé quien siga siendo el guía de su pueblo. Lo que importa es realmente llevar adelante a esa familia, con todos sus defectos y limitaciones.

Casi podría aplicar el lema de esta Jornada que pongo hoy en tus manos: Si tú no estás le falta a la familia algo tan importante, que sentimos que nos falta el presente, que no tenemos razón para seguir caminando. Sin embargo, contigo presente y contigo participando, vemos que merece la pena aceptar todos los inconvenientes del camino, vemos que hay futuro. Casi podemos repetir la palabra de Moisés a Yavé: “Si no vienes tú en persona, no nos hagas salir de aquí”.

Sí, nos necesitamos todos. Aceptándonos unos a otros como esenciales para formar el hoy de cada día, con todos nuestros defectos y limitaciones, pero con todo el peso de la presencia, la palabra y la participación de todos. En el rezar juntos, en el pensar juntos, en el hablar y el escucharnos juntos. Y el Señor, que nos comprende y nos ama, en el centro de nuestra gran familia, caminando con nosotros en persona, fortaleciéndonos a todos. Sin ti, sin tu oración, tu tiempo, tu pequeña o grande aportación económica, no podemos sentirnos de verdad familia. Contigo tenemos futuro.

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