Todos los bautizados, y entre todos, formamos esta gran familia de los seguidores de Jesús.

† Gerardo Melgar Viciosa

Queridos amigos y hermanos: recibid antes que nada mi más cordial saludo como vuestro obispo. Todos somos necesarios en esta familia de los seguidores de Jesús que es la Iglesia y todos somos parte muy importante de la misma. Entre todos y con la aportación de todos y cada uno de nosotros según sus capacidades, somos capaces de formar esta gran familia.

Ya llevamos varios años haciendo esta reflexión de que “somos una gran familia” y, gracias a Dios, yo creo que todos vamos estando convencidos de que en esta familia todos somos necesarios y que haremos de ella lo que el Señor y nosotros deseamos que sea: la gran familia de los hijos de Dios, que formamos todos los que seguimos a Jesús. 

Todos y cada uno de los que formamos y pertenecemos a la Iglesia tenemos algo que aportar para que la Iglesia pueda cumplir con la misión que el Señor le ha confiado, porque esta familia nunca es algo ajeno a nosotros, es nuestra Iglesia, nuestra comunidad y nuestra familia, y en ella todos debemos sentirnos implicados en aportar lo que sea necesario.

En una familia de unos padres y unos hijos todos deben sentirse implicados y comprometidos en aportar lo que son y lo que tienen: unos aportan su buen talante, su buen carácter, su alegría, que ayuda a construir una familia en paz y armonía; otros sus cualidades especiales, de las que se benefician todos los miembros de la misma; otros, que son más serviciales y aportan su ayuda en lo que haga falta, con lo que otros también pueden descansar, mientras estos hacen los distintos servicios; otros el sueldo de su trabajo porque la familia tiene unas necesidades que debe cubrir. Es decir, cada uno aporta aquello que sabe, que vive, que tiene y que quiere, para que esa familia sea realmente una familia en el sentido más pleno de la palabra. 

En esta gran familia de los seguidores de Jesús, todos también debemos sentirnos miembros vivos, activos y comprometidos, de tal manera que todos seremos una gran familia si tú, yo, y todos los miembros del Pueblo de Dios, somos capaces de aportar nuestro tiempo, nuestras cualidades, nuestro apoyo económico y nuestra oración de unos por otros. Todo lo que somos y tenemos cada uno: tiempo, dedicación, cualidades, preparación, medios materiales y económicos, oración y espiritualidad etc., debemos ofrecerlo y ponerlo al servicio de esta gran familia que necesita de todo y de todos para poder cumplir con su identidad y su misión.

Por eso, cada uno de nosotros tendremos que examinarnos y ver si realmente estamos siendo miembros vivos, activos y comprometidos y si estamos aportando realmente lo que debemos para que esta sea realmente una familia viva. Para ello, cada uno de nosotros debemos tener una actitud de compartir con los demás lo que tengo yo, para que otros se beneficien de ello y otros puedan aportar lo suyo y nos beneficiemos los que no lo tenemos, y que juntos todos seamos esa gran familia que vive la fraternidad, que comparte lo que tiene y que juntos estamos siendo signo del amor que reina entre nosotros.

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