Carta del obispo

Somos una gran familia contigo

† Raúl Berzosa Martínez

Durante el año pastoral 2017-2018, nos centraremos en un objetivo muy claro: recrear la Iglesia diocesana como una comunidad, como una gran familia. Una familia de fe, de celebración, de anuncio misionero y de compromiso con los más pobres. Y ciertamente es así.

Durante el año pastoral 2017-2018, nos centraremos en un objetivo muy claro: recrear la Iglesia diocesana como una comunidad, como una gran familia. Una familia de fe, de celebración, de anuncio misionero y de compromiso con los más pobres. Y ciertamente es así.

En una familia, todos somos responsables; los unos de los otros. Todos aportamos lo que sabemos y tenemos. Y especialmente protegemos a los más débiles e indefensos.

¡Qué bien y qué bellamente lo ha expresado nuestro querido papa Francisco!: todos somos criaturas de Dios, hijos de Dios y, los que participamos en la eucaristía, la misma carne de Jesucristo. A veces, llagada y herida.

Al nalizar el Año de la Misericordia, se nos pidió no solo practicar las obras de misericordia, sino, sobre todo, tener un corazón misericordioso. ¡Qué maestro tan singular y único fue nuestro Señor Jesucristo! Nos dijo por adelantado cuál será el examen nal de nuestra vida: lo encontramos en el evangelio de san Mateo, en el capítulo 25. Se nos pe-

dirán cuentas de lo que hicimos con los desnudos, con los hambrientos y sedientos, con los enfermos, con los encarcelados... ¡Con todos y cada uno de los necesitados que estaban a nuestro lado o, incluso, lejos de nosotros!

La diócesis, encarnada en las famlias de sangre (que son verdaderas “iglesias domésticas”, en las comunidades parroquiales, y en las comunidades de vida consagrada, tiene esa vocación y ese rostro tan hermoso: el de la familia de los hijos de Dios. Viene bien recordarlo cada año en la Jornada de la Iglesia Diocesana.

Como familia, tenemos que ayudar con nuestros bienes materiales, pero sobre todo con los talentos que el Señor nos ha concedido. Solamente se puede ser feliz cuando estamos al servicio de los demás. Ya lo decían nuestros clásicos: “!Quien no sirve, no sirve para nada!”.

¡Tenemos que caminar hacia una Iglesia corresponsable y de sinodalidad, de comunión y de salida misionera!

Mi agradecimiento sincero y mi bendición a todos. El Señor os pague vuestra generosidad.

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