Sin ti no hay presente. CONTIGO hay futuro

† Demetrio Fernández González

Celebramos en este domingo de noviembre el Día de la Iglesia Diocesana, un día para que los fieles fortalezcamos nuestro sentimiento de pertenencia a la porción del Pueblo de Dios que peregrina en Córdoba, con la plena esperanza en la vida eterna y para llevar la esperanza que brota de Jesús resucitado a todos aquellos que la necesitan, a los más desfavorecidos de nuestra sociedad. 

Todos los católicos formamos parte de la Iglesia insertados por medio del bautismo, formando una comunidad de fe, esperanza y caridad, la familia de los hijos de Dios. Y vivimos nuestra fe personal en la comunidad. 

Cada católico contribuye al fortalecimiento de su comunidad cristiana, de su parroquia y de nuestra diócesis. La aportación de cada miembro en beneficio de todos es fundamental, y es por esta razón por la que podemos decir que somos una gran familia contigo. 

Siempre nos asalta la pregunta de cómo poder ofrecer nuestras cualidades como hijo de Dios a nuestra parroquia. Y la respuesta es tan sencilla como el procurar comprometernos a hacer lo mismo que hacemos en nuestra propia casa, en nuestra familia doméstica, porque nuestra parroquia es también nuestra casa y es también nuestra otra familia. Podemos dedicarle nuestra oración, rezar por ella, por nuestros sacerdotes, por nuestros niños, por nuestros mayores, por los catequistas y voluntarios; a través de todos nos llega el mensaje de salvación que nos entregó Jesucristo. Qué mejor manera que implicarnos y dedicarle nuestro tiempo, nuestras cualidades, nuestros talentos: ser voluntarios de Cáritas, de la catequesis, ponernos a disposición del párroco para tareas administrativas, económicas, etc. Son muchísimas las necesidades que afrontar y nuestros sacerdotes necesitan nuestra ayuda porque somos parte de esa comunidad parroquial. 

Pero debemos dejar constancia de la necesidad que existe de que haya una colaboración por medio de la ayuda material; porque sabemos que la parroquia, como nuestra casa, tiene gastos que afrontar: desde la sustentación de nuestro párroco, la ayuda a los más necesitados, el coste de los suministros indispensables, las reformas necesarias para poder atender mejor a los fieles, etc. 

Por todo ello, agradezcamos a Dios el habernos llamado a su santa Iglesia en nuestra diócesis de Córdoba, que está muy viva gracias a vuestra contribución. Gracias, queridos fieles diocesanos, por sentir la diócesis como vuestra, por sentiros miembros activos de la Iglesia. Que Dios os bendiga siempre. 

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