Somos lo que tú nos ayudas a ser. Somos una familia contigo.

† Demetrio Fernández González

Celebramos en este domingo 8 de noviembre el Día de la Iglesia Diocesana; un día para que los fieles fortalezcamos nuestro sentimiento de pertenencia a la porción del Pueblo de Dios que peregrina en Córdoba, con la plena esperanza en la vida eterna y para llevar la esperanza que brota de Jesús resucitado a todos aquellos que la necesitan, a los más desfavorecidos de nuestra sociedad.

Todos los católicos formamos parte de la Iglesia insertados por medio del bautismo, formando una comunidad de fe, esperanza y caridad, la familia de los hijos de Dios. Y vivimos nuestra fe personal en la comunidad. 

Cada católico contribuye al fortalecimiento de su comunidad cristiana, de su parroquia y de nuestra diócesis. La aportación de cada miembro en beneficio de todos es fundamental y es por esta razón por la que podemos decir que somos una gran familia contigo. Siempre nos asalta la pregunta de cómo poder ofrecer nuestras cualidades  como miembro de nuestra Iglesia a mi parroquia. La respuesta es sencilla; basta con comprometernos a hacer lo mismo que hacemos en nuestra propia casa, en nuestra familia doméstica, porque tenemos que saber que nuestra parroquia también es nuestra propia casa, es también nuestra familia. ¿Y qué podemos hacer? Podemos dedicarle nuestra oración, rezar por ella, por sus sacerdotes, sus niños, nuestros mayores, los catequistas, los voluntarios; a través de todos ellos nos llega el mensaje de salvación que nos entregó Jesucristo. ¡Qué mejor manera que implicarnos y dedicarle nuestro tiempo, nuestras cualidades, nuestros talentos! Seamos voluntarios de la Cáritas parroquial, de la catequesis, pongámonos a disposición del  párroco para las tareas administrativas o económicas, tan importantes para dar un ejemplo de transparencia. Son muchísimas las necesidades que afrontan nuestros sacerdotes; ellos necesitan nuestra ayuda como parte fundamental de la comunidad parroquial. 

Todo esto no nos puede hacer olvidar otro aspecto importante; porque tenemos constancia de las necesidades que existen y para las que nuestras parroquias requieren de nuestra colaboración y ayuda material; porque la parroquia, como nuestra casa, tiene gastos que afrontar; debe sustentar a nuestro párroco, debe ayudar a los necesitados, debe asumir el coste de los suministros y las reformas necesarias para poder atender mejor a los fieles, entre otras muchas cosas.

Por todo ello, agradezcamos a Dios el habernos llamado a su santa Iglesia en nuestra diócesis de Córdoba, que está muy viva gracias a vuestra contribución. Gracias, queridos fieles diocesanos, por sentir la diócesis como vuestra, por sentiros miembros activos de la Iglesia. Que Dios os bendiga siempre. 

Con el afecto de vuestro obispo.

 

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