Somos una gran familia contigo

† Demetrio Fernández González

El próximo domingo 13 de noviembre celebramos el Día de la Iglesia Diocesana; en este día los fieles tenemos la oportunidad de fortalecer nuestro sentimiento de pertenencia a esta porción del Pueblo de Dios que peregrina en Córdoba llena de esperanza en la vida eterna y que debe afrontar, fundamentalmente, el llevar la esperanza que brota de Jesús resucitado a todos aquellos que la necesitan, a los más desfavorecidos de nuestra sociedad.

El próximo domingo 13 de noviembre celebramos el Día de la Iglesia Diocesana; en este día los fieles tenemos la oportunidad de fortalecer nuestro sentimiento de pertenencia a esta porción del Pueblo de Dios que peregrina en Córdoba llena de esperanza en la vida eterna y que debe afrontar, fundamentalmente, el llevar la esperanza que brota de Jesús resucitado a todos aquellos que la necesitan, a los más desfavorecidos de nuestra sociedad.

Todos los católicos formamos parte de la Iglesia insertados por medio del bautismo, formando una comunidad de fe, esperanza y caridad, la familia de los hijos de Dios. Y vivimos nuestra fe personal en la comunidad.

Podemos decir «Somos una gran familia contigo» porque cada uno, desde su propia experiencia, contribuye al fortalecimiento de su comunidad cristiana, de su parroquia, de su diócesis. Ninguna comunidad sería igual sin la aportación de cada uno de sus miembros en beneficio de todos.

Pero muchos se preguntan: ¿qué podría hacer por mi parroquia? Y la respuesta es tan sencilla como hacer lo mismo que en nuestra propia casa; porque la parroquia es nuestra casa, nuestra otra familia. Podemos dedicarle nuestra oración, rezar por ella, por sus niños, por sus mayores, por sus catequistas, por sus voluntarios. O podemos dedicarle nuestro tiempo, nuestras cualidades; ser voluntarios de Cáritas, de la catequesis, ponernos a disposición del párroco para tareas administrativas, económicas, etc.

Y podemos, además, colaborar con nuestra ayuda material; porque nuestra parroquia, como nuestra casa, tiene gastos que afrontar; desde la sustentación de nuestro párroco, la ayuda a los más necesitados, el coste de los suministros indispensables, la pequeña reforma que necesita para una mejor atención de los fieles, etc.

Agradezcamos a Dios el habernos llamado a su santa Iglesia en nuestra diócesis de Córdoba, que está muy viva gracias a vuestra contribución. Gracias, queridos diocesanos, por sentir la diócesis como vuestra, por sentiros miembros activos de la Iglesia. Que Dios os bendiga siempre.

Con el afecto de vuestro obispo.

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