Somos una gran familia contigo

† José María Yanguas Sanz

Cada diócesis, cada Iglesia particular es una “porción del Pueblo de Dios”, como dice el Concilio Vaticano II: “en ella se encuentra y opera verdaderamente la Iglesia de Cristo que es una, santa, católica y apostólica” (Christus Dominus, 12). La Iglesia de Cuenca hace, pues, presente, a la Iglesia de Jesús y en ella realiza la salvación.

Queridos diocesanos: la estupenda experiencia de la última Jornada Mundial de la Juventud que cientos de miles de personas, jóvenes en su inmensa mayoría, pudimos vivir en Cracovia, Polonia, en los días finales de julio, constituyó una formidable experiencia de eclesialidad. Este encuentro constituye el último, pero no el único, momento de expresión de comunión de la Iglesia.

El domingo, 13 de noviembre, celebraremos el Día de la Iglesia Diocesana. Cada diócesis, cada Iglesia particular es una “porción del Pueblo de Dios”, como dice el Concilio Vaticano II: “en ella se encuentra y opera verdaderamente la Iglesia de Cristo que es una, santa, católica y apostólica” (Christus Dominus, 12). La Iglesia de Cuenca hace, pues, presente, a la Iglesia de Jesús y en ella realiza la salvación.

Como miembros vivos de esta pequeña porción de la Iglesia universal, “no caminamos solos” en la peregrinación de la vida; lo hacemos como miembros de un Pueblo, de un Cuerpo, al que pertenecemos; todos: sacerdotes, religiosos y laicos formamos igualmente parte del mismo, aunque Dios haya puesto a cada uno en un puesto; pero siempre formando parte del mismo cuerpo. De ahí que, unidos por los lazos de la fe, compartimos alegrías y penas, afrontamos juntos los desafíos de la evangelización, trabajamos juntos en la edificación del Reino de Dios. Dios nos ha querido salvar llamándonos a formar parte de la Iglesia; como Pueblo de Dios, como Iglesia de Cristo, nos conducirá hasta la patria definitiva. “Vivir en cristiano” es vivir en la Iglesia, universal y particular; es con-vivir, amar a los demás, colaborar con ellos, participar en la misión común. Nadie puede excluirse, nadie puede excluir a otro, y todos tenemos la bella tarea de hacer que nadie, que ningún hermano se sienta excluido, preterido, olvidado.

Os bendice vuestro pastor y obispo.

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