Somos una gran familia contigo

† José María Yanguas Sanz

La realidad de la Iglesia diocesana ha venido adquiriendo cada vez mayor relieve en la re exión teológica y en la conciencia de los eles a lo largo de los últimos decenios. La estructura de la Iglesia, su orgánica composición, contempla de una parte su dimensión más universal, la Iglesia como pueblo santo de Dios, uno y único que debe extenderse por todo el mundo a través de todos los siglos.

La realidad de la Iglesia diocesana ha venido adquiriendo cada vez mayor relieve en la re exión teológica y en la conciencia de los eles a lo largo de los últimos decenios. La estructura de la Iglesia, su orgánica composición, contempla de una parte su dimensión más universal, la Iglesia como pueblo santo de Dios, uno y único que debe extenderse por todo el mundo a través de todos los siglos.

De otra parte, la «Iglesia de Cristo está verdaderamente presente en todas las legítimas comunidades locales de eles, unidas a sus pastores. Estas, en el Nuevo Testamento, reciben el nombre de Iglesias» (Concilio Vaticano II, Lumen gentium, n. 26). Estas son lo que llamamos Iglesias particulares, las diócesis, porciones del Pueblo de Dios con adas al obispo para ser apacentadas con la colaboración de sus sacerdotes, estrechamente unidas a él, reunidas en el Espíritu Santo por medio del Evangelio y la eucaristía (Christus Dominus, n. 11). En ellas «se encuentra y actúa verdaderamente la Iglesia de Cristo».

Junto a las Iglesias particulares tenemos las comunidades de eles constituidas de manera estable que, formando parte de una diócesis, están bajo la los cuidados y la guía espiritual de un sacerdote. Son las parroquias, la estructura eclesial más cercana a los eles, con las que mantienen relaciones particularmente estrechas.

Este año el Día de la Iglesia Diocesana tiene como lema Somos una gran familia contigo. Con él se quiere subrayar que la Iglesia entera, en sus diversos niveles, universal, diocesano y parroquial, es una gran familia, la gran familia de los hijos de Dios, como dice san Pablo a los de Éfeso (cf. 2, 29). Entre las imágenes con las que se intenta explicitar y desentrañar el misterio de la Iglesia se encuentra la de «edi cación de Dios». Construcción o edi cación que tiene a Jesucristo nuestro Señor como fundamento y piedra angular. Esa edi cación es llamada «casa» de Dios que acoge, reúne y cobija a su familia, los cristianos. Estos, por el bautismo, sacramento de la regeneración, son hechos hijos de Dios, hermanos de Jesucristo, y están animados por el Espíritu Santo. La gracia que recibimos en el sacramento del bautismo es participación en la misma vida de Dios, de manera que los bautizados son, verdaderamente, hijos de Dios por adopción. Como familia, nos reunimos en torno a la misma mesa y comemos del mismo pan. Es momento central en la vida de la familia de Dios. Como familia poseemos tesoros comunes, sobre todo la Palabra de Dios y los sacramentos, y nos protege y custodia la misma Madre. La caridad, en n, derramada en nuestro corazones por el Espíritu Santo es don y tarea del cristiano en el mundo.

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