Que la "distancia social" que sufrimos no suponga una "distancia del corazón".

† Santiago Gómez Sierra

Queridos hermanos y hermanas: doy gracias a Dios que me permite celebrar por primera vez con vosotros el Día de la Iglesia Diocesana como pastor de esta Iglesia particular de Huelva. Hago mías las palabras del lema de la Jornada: “Somos lo que tú nos ayudas a ser. Somos una gran familia contigo”.

Esta llamada de atención sobre la Iglesia diocesana nos brinda una ocasión propicia para fortalecer nuestra conciencia comunitaria. La vida cristiana tiene necesidad de una experiencia intensa de comunión eclesial; que se expresa en el amor, la amistad, la comunión y la solidaridad entre las tres redes que se integran en la vida de la diócesis: las parroquias, las comunidades de religiosos y religiosas y los diversos movimientos y asociaciones. La misión de evangelizar, que es la razón de ser de la Iglesia, tiene que hacerse desde comunidades eclesiales que viven con fervor y alegría su amor a Jesucristo y la caridad fraterna. 

La Iglesia siempre es la familia de Dios. Sin embargo, en estos tiempos recios los cristianos tenemos una necesidad especial de la comunidad cristiana. Sufriendo las inclemencias propias de una cultura secularizada, precisamos una comunidad en la que la experiencia cristiana pueda ser vivida y comunicada con normalidad. Comunidades reales donde los creyentes podamos compartir y celebrar la fe, para testimoniarla en la vida cotidiana. 

Hoy, más que nunca, necesitamos seguir construyendo y fortaleciendo ese tejido comunitario para que la “distancia social” a la que nos hemos sometido para prevenir el contagio no suponga entre nosotros una “distancia del corazón”. Necesitamos reconocernos como Iglesia diocesana en “esa bendita pertenencia común de la que no podemos ni queremos evadirnos; esa pertenencia de hermanos”, como nos recuerda el papa Francisco (Fratelli tutti, n. 32). 

Aunque la pandemia que estamos atravesando ha dejado en evidencia la vulnerabilidad social, también hemos visto despertar una corriente de solidaridad en nuestra Iglesia que, en medio de esta situación, ha redoblado sus esfuerzos desde todos su ámbitos y realidades eclesiales para seguir dando respuesta a las necesidades de muchas personas, en especial, de las más vulnerables. ¡Cuántos testimonios de esa diligente entrega hemos podido ver durante estos meses! Ahora, nuestra Iglesia de Huelva tiene que seguir siendo ese “hospital de campaña” donde curar las heridas, dar calor a los corazones y mostrar cercanía. En medio de una sociedad desconcertada, estamos llamados a seguir anunciando el Evangelio de la esperanza y la alegría que “nace y renace en el encuentro con Jesucristo” (cf. EG, n. 1); a propiciar nuevos vínculos de “amistad social” que superen los prejuicios y polarizaciones para buscar juntos el bien común; a permanecer en la opción por los más pobres y excluidos, pues a la emergencia sanitaria que tan fuertemente nos sigue golpeando le acompaña una grave crisis social y económica en la que la pobreza adquiere nuevos rostros.

Somos lo que tú nos ayudas a ser. Tu parroquia, la diócesis, necesita tu disponibilidad personal para atender alguno de los múltiples servicios que en ella se pueden realizar, tu testimonio y compromiso en la vida familiar y pública, y tu aportación económica para sostener la ingente tarea que la Iglesia lleva adelante. 

Te invito, pues, a colaborar con vuestra parroquia aportando cuanto podáis de vuestro tiempo, cualidades, colaboración económica y oración. 

Para todos mi saludo fraterno y mi bendición.

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