Somos una gran familia contigo

† Julián Ruiz Martorell

La Iglesia diocesana vive la memoria colectiva de una historia protagonizada por el Espíritu Santo que, a lo largo de los siglos, ha acompañado procesos de santidad y de conversión, siembra generosa de la semilla del Evangelio, testimonio constante de la Buena Noticia.

La Iglesia diocesana vive la memoria colectiva de una historia protagonizada por el Espíritu Santo que, a lo largo de los siglos, ha acompañado procesos de santidad y de conversión, siembra generosa de la semilla del Evangelio, testimonio constante de la Buena Noticia.

La Iglesia diocesana es una realidad inmensa en un mundo cambiante y complejo, en el que predominan el descreimiento y la indiferencia, pero donde se aprecian también brotes de bien y de verdad, de amor y de defensa de la justicia, de vivencia de la fe y de anuncio gozoso de la nueva vida que Jesucristo nos regala.

La Iglesia diocesana también es un proyecto de futuro, un modo cristiano de vivir la esperanza, una trayectoria hacia el tiempo venidero con las velas de la nave orientadas hacia lo alto.

Todo ello supone recursos económicos que se han de conseguir con paciencia y que se han de administrar con prudencia, transparencia y equilibrio. Recursos limitados mientras que las necesidades son crecientes.

Recursos compartidos con los más vulnerables cuando las situaciones se vuelven apremiantes. Recursos generados a partir de la generosidad de muchas personas capaces de compartir lo poco que tienen.

La Iglesia diocesana desea continuar desplegando su ser como Iglesia en salida, Iglesia evangelizadora, Iglesia misionera. Y, con la ayuda del Espíritu Santo, ha de seguir realizando su tarea en los ámbitos de la evangelización, de la celebración litúrgica y de la acción socio-caritativa.

No nos asusta la tarea que hay que realizar, pero es preciso calcular los gastos, siendo previsores y gestores de un dinero del que no somos propietarios, sino administradores.

«Somos una gran familia contigo» es un lema que nos resulta conocido. Decimos “somos” porque nos integramos en un «nosotros» común que supera las individualidades y donde no hay exclusiones ni marginaciones. El uso de la primera persona del plural mani esta apertura de relación y estrechamiento de vínculos.

Decimos «una gran familia» no porque nos sintamos mejores o mayores que los demás, sino porque somos hijos de un mismo Padre que nos congrega como familia grande y creciente. Familia formada por hermanos solidarios.

Decimos «contigo» porque te apreciamos hasta el punto de poder tutearte por la con anza que nos demuestras y porque tu colaboración es imprescindible.

Contigo podemos afrontar muchos desafíos que superan nuestra capacidad y nuestras posibilidades.

Contigo nos sentimos más seguros, más rmes, más capaces.

Contigo sabemos que hay algo muy importante detrás de las cuentas y de los números. Junto al hecho de «contar» las cantidades, hay que «cantar» la historia de salvación realizada por el Señor en la historia, es decir, narrar lo que Él va realizando apoyándose en la fragilidad de su gran familia, del Pueblo de Dios en marcha.

Muchas gracias por tu generosa colaboración. Que el Señor recompense tu aportación. Él sigue contando contigo para que, contigo, sigamos creciendo como una gran familia.

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