Sin ti no hay presente. CONTIGO hay futuro.

† Vicente Juan Segura

Queridísimos en el Señor, sacerdotes, religiosos y religiosas, catequistas, padres y madres de familia, niños, jóvenes y mayores, miembros todos de nuestra Iglesia diocesana de Ibiza y Formentera, gracias. Este año, en el que celebraremos el Día de la Iglesia Diocesana el día 10 de noviembre, quiero que mi mensaje sea un mensaje, sobre todo, de acción de gracias.

En primer lugar, gracias al Señor por haberme traído aquí hace ya 14 años, a este lugar, en el que la belleza de la creación se hace patente, y, a través de ella, el Amor de Dios. Pero aún más la belleza de sus gentes. En nuestra pequeña Iglesia diocesana de Ibiza y Formentera hay, sabéis que lo digo siempre, muy buena gente, en todos los ámbitos, tanto en las parroquias, como en las delegaciones, en Cáritas, en los colegios diocesanos, etc.

Por ello, en segundo lugar, mi agradecimiento es para vosotros, los miembros de nuestra Iglesia de las Pitiusas. Gente de bien, gente comprometida, gente amable y siempre dispuesta a ayudar. Y eso es lo que hace Iglesia, esto es lo que hace cuerpo de Cristo, Pueblo de Dios.

Vaya pues mi agradecimiento por delante.

Sabéis todos que aquí se trabaja con alegría, buscando siempre el bien de los demás. Para ello contamos con estupendos sacerdotes, no solo originarios de aquí, sino también de otras partes de España y del extranjero, los cuales se han integrado y se siguen integrando de manera maravillosa en nuestras costumbres y en la idiosincrasia del pueblo ibicenco y formenterés, y, además, trayendo su propia riqueza. Y gracias a todos ellos, a todos, podemos hacer llegar los sacramentos a todo el que los necesita: bautismos, comuniones, matrimonios, confesión, la unción de enfermos. Y cómo no, la celebración de la eucaristía, el mayor de los regalos que el buen Jesús nos dejó. Es decir, acercar a todo el que lo necesita, y más aún en estos tiempos que corren, a Cristo, que es nuestro gran tesoro, que es nuestra vida, o mejor dicho, que es quien nos da la vida, la Vida de verdad, con mayúsculas.

Y junto a mi agradecimiento una petición, o, si queréis, una súplica. Os necesitamos, a todos, vuestra aportación personal es muy necesaria. Nos necesitamos unos a otros. Lo que yo no haga se quedará eternamente sin hacer. Siendo cada uno de nosotros Iglesia, formamos una gran familia, una gran comunidad en la que cada uno es único y sus carismas son “casi” imprescindibles para que todo vaya según la voluntad de Dios.

Por eso, a todos los diocesanos nos urge conocer cada vez más y mejor nuestra diócesis y así amarla más, ya que no se ama lo que no se conoce. Y aún más, nos urge, como el mismo Cristo dijo, el Amor, concretando ese amor en hacer llegar a nuestros prójimos la Buena Noticia.

Recibid todo mi afecto y mi bendición, y sabed que juntos, y con la gracia de Dios, todo es posible.

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