Llamo a vuestras puertas, a vuestro corazón.

† Vicente Ribas Prats

A todos los diocesanos de Ibiza y Formentera, a todos los hombres y mujeres de buena voluntad. La pandemia, que no deja de acosarnos, supuso la ruptura de la normalidad en el día a día de la de las personas, de las instituciones y de las empresas. También las parroquias y los otros servicios diocesanos han sufrido como el resto las consecuencias de esta crisis sanitaria.

Ciertamente, el coronavirus ha hecho que tengamos que modificar, de cara al presente curso pastoral, las actividades del anuncio del Evangelio: catequesis, reuniones de grupos, actividades formativas, despacho parroquial, visitas a enfermos… 

Las parroquias han seguido manteniendo el culto y los sacerdotes ofreciendo la eucaristía y rezando por todos vosotros y por aquellos que, sin ser feligreses, también necesitan el apoyo de la oración: el personal sanitario, las fuerzas del orden, los militares, los que trabajan en los servicios esenciales, los que investigan, las personas de vida consagrada, los docentes, y por los que han perdido a sus seres queridos y por los difuntos. En definitiva, por todos, porque cada uno, en sus circunstancias concretas, sabe que es necesario.

A pesar de las dificultades económicas que esta crisis sanitaria ha traído y cuyas consecuencias reales todavía no podemos calibrar perfectamente, las parroquias y Cáritas se han volcado en los necesitados y en quienes han perdido su medio de vida, asegurando así el sustento de quienes no tienen otros ingresos.

Por ello, a través de esta carta en el Día de la Iglesia Diocesana, llamo a vuestras puertas, a vuestro corazón, a vuestra responsabilidad de cristianos y feligreses para pediros ayuda, para pediros caridad. Sea la que sea, será bienvenida. Nuestra Iglesia particular de Ibiza y Formentera necesita de vosotros, de vuestro tiempo, de vuestro saber, de vuestras ganas de ayudar en lo que sea y como sea. Necesita también de vuestro aporte económico.

Quiero agradecer de todo corazón y con un abrazo entrañable a aquellas personas que se han ofrecido para colaborar en todo lo necesario. Mi agradecimiento a quienes estáis dando lo mejor de vosotros mismos en las parroquias y en otros servicios eclesiales: sacerdotes, personas de vida consagrada y fieles laicos de cualquier edad, ya sean ancianos o niños y jóvenes. Gracias a quienes hacéis posible Cáritas, Manos Unidas, Juniors, Vida Ascendente, Equipos de Nuestra Señora, Comunidades Neocatecumenales, Catequesis, Formación de Adultos... A todos vosotros, dos palabras Una de aliento: ánimo; otra de reconocimiento: gracias. 

A todos mi gratitud. Seguid con la confianza y la esperanza bien altas. 

Junto a mi recuerdo y mi oración, recibid un cordial y fraterno abrazo.

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