Somos una gran familia contigo

† Amadeo Rodríguez Magro

Queridos diocesanos: para entender y describir a la Iglesia miramos hacia nuestra convivencia y la llamamos, por ejemplo, “Pueblo de Dios”. Pero también es rica y significativa nuestra percepción de la Iglesia como “familia de Dios”; se inspira en esa primera experiencia de vida en común que todos nosotros necesitamos para nuestro desarrollo como personas. Es por eso que para los cristianos es especialmente estimulante sentir a la Iglesia como familia de Dios. En ella lo recibimos todo y lo damos a manos llenas..

Queridos diocesanos: para entender y describir a la Iglesia miramos hacia nuestra convivencia y la llamamos, por ejemplo, “Pueblo de Dios”. Pero también es rica y significativa nuestra percepción de la Iglesia como “familia de Dios”; se inspira en esa primera experiencia de vida en común que todos nosotros necesitamos para nuestro desarrollo como personas. Es por eso que para los cristianos es especialmente estimulante sentir a la Iglesia como familia de Dios. En ella lo recibimos todo y lo damos a manos llenas.

“La Iglesia es el gran proyecto de Dios, por el que quiere hacer de todos nosotros una gran familia de hijos, en la que cada uno se sienta cerca y amado por Él” (cf. catequesis del Papa Francisco, 29 de mayo 2013). Es Dios mismo el que nos pone en relación a los unos con los otros y nos invita a considerar a la Iglesia como el espacio y el clima familiar en el que compartimos su vida y su proyecto de ser en el mundo simiente de su Reino. Es en esa familia en la que Dios nos da su savia vital, que es su mismo amor, esa que nos impulsa a amarlo a Él y a amar a los demás.

Ante ese proyecto de Dios es bueno que nos preguntemos: ¿qué hago para que de verdad la Iglesia sea mi familia? La respuesta no puede ser otra que ponerme a su disposición para que cuente conmigo. Solo con mi sentido de pertenencia la Iglesia fortalece como familia de los hijos de Dios.

Contigo, con tu disponibilidad cuenta tu diócesis de Jaén, a la que entre todos le vamos dando Santo Rostro familiar, misericordioso y misionero. Con nuestra responsabilidad en esta familia diocesana y con nuestra aportación generosa a su sostenimiento, juntos realizaremos las obras de Cristo y, en especial, el anuncio del Evangelio en medio del mundo.

Con mi afecto y bendición.

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