Somos una gran familia contigo

† José Mazuelos Pérez

Un año más se nos invita a vivir el Día de la Iglesia Diocesana para alegrarnos de formar parte de la gran familia del Pueblo Santo de Dios.

Un año más se nos invita a vivir el Día de la Iglesia Diocesana para alegrarnos de formar parte de la gran familia del Pueblo Santo de Dios.

Celebrar este día tiene como primer objetivo dar gracias al Señor, que nos ha llamado a formar parte de su cuerpo místico, viviendo en un mismo territorio (la diócesis), participando de los mismos sacramentos, frecuentando los mismos templos, oyendo en ellos la Palabra de Dios y apoyándonos humana y cristianamente en las necesidades materiales y espirituales.

La Iglesia diocesana nos remite a la tradición apostólica, porque al frente de ella está el obispo, sucesor de los apóstoles, y nos recuerda que no se puede celebrar y vivir la fe en solitario, sino como comunidad de los hijos de Dios.

Celebrar el día de la diócesis es también una llamada a la fraternidad, es a su vez una invitación a reflexionar sobre las necesidades de nuestra Iglesia concreta, ya que sin la existencia de piedras vivas, cimentadas en la piedra angular que es Cristo, nada se puede hacer. Necesita nuestra entrega y trabajo, ya que necesita que nos dispongamos a colaborar en la acción pastoral y apostólica, según las posibilidades de cada cual. Unos, orando constantemente para que se extienda el reino de Dios; otros asumiendo una responsabilidad concreta al interior de la Iglesia mediante el servicio en la catequesis, en la liturgia, en las estructuras diocesanas o parroquiales de asesoramiento a los pastores, en el ejercicio cristiano de la propia profesión o trabajo, en la iluminación cristiana de la vida social y de las estructuras que la configuran y ordenan, etc.

El Día de la Iglesia Diocesana es también un día para contemplar su misión y sentirnos orgullosos de pertenecer a una institución que no se cansa de trabajar por construir una sociedad mejor y de colaborar con la sociedad civil en la construcción del bien común. De hecho, la Iglesia aporta a la sociedad española mucho más de lo que recibe.

Basta mirar la realidad de nuestra Cáritas, los comedores sociales, el trabajo con los sin techo, o la labor de tantos religiosos y religiosas con los más desfavorecidos. Al mismo tiempo una mirada a nuestras parroquias nos muestra que son lugares repartidos por todos los pueblos y rincones de las ciudades en las que hay una servicio de caridad permanente, se conserva el patrimonio, se educa en el amor y la caridad a los niños que reciben catequesis, se ayuda a los enfermos y a las familias, y es un lugar donde todos los que están cansados y agobiados de la vida tienen un refugio.

Por todo ello, el Día de la Diócesis nos hace corresponsables a todos de la vida de la Iglesia, tanto del aspecto material como del espiritual. En lo material porque son necesarias instalaciones y medios para anunciar la Palabra de Dios en la catequesis, en la celebración de la eucaristía, en la marcha y funcionamiento de los distintos grupos que conforman la realidad parroquial. Pero también desde lo espiritual. No podemos conformarnos en dar un poco de nuestro dinero, con lo necesario que hoy es para todo y, especialmente, para el ejercicio de la caridad; también estamos llamados a colaborar con nuestro tiempo, con nuestras capacidades y dones. Todo nos lo ha dado Dios, y a Él queremos entregárselo para que la Iglesia entera siga contribuyendo a crear una sociedad mejor.

Como todos los años, para que nuestra Iglesia de Asidonia-Jerez pueda ser esa gran familia de los Hijos de Dios, os invito a colaborar con nuestra diócesis, aportando lo que tenemos: cualidades, tiempo o dinero. Somos la familia de los hijos de Dios, y como familia todos somos corresponsables de su labor y de su sostenimiento.

Os agradezco de corazón vuestra entrega y vuestra generosa colaboración. Que Dios os bendiga.

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