Somos una gran familia contigo

† Julián López Martín

Esta familia se alegra, como todas las familias, cuando está reunida o, al menos, cuando comprueba que todos sus miembros están en contacto entre sí mediante el afecto y el recuerdo.

Queridos diocesanos:

Ante la Jornada de la Iglesia Diocesana que tendrá lugar el domingo 12 de noviembre de 2017 y cuyo lema coincide, sin duda para reforzarlo, con el del año pasado, he querido reproducirlo en forma de pregunta para que interpele a todos los eles católicos que formamos la comunidad cristiana de León, nuestra diócesis legionense como se denomina de manera o cial. No en vano la nalidad primera de dicha Jornada es estimular la conciencia de todos los miembros de la Iglesia católica, en principio todos los bautizados en ella, acerca de su pertenencia a esa gran familia. Una familia, por otra parte, abierta a todos los hombres y mujeres, niños, jóvenes y adultos, como expresión de la misión que nuestro Señor Jesucristo con ó a los apóstoles y en ellos a todos los cristianos.

Esta familia se alegra, como todas las familias, cuando está reunida o, al menos, cuando comprueba que todos sus miembros están en contacto entre sí mediante el afecto y el recuerdo. Es justamente lo que pretende esta jornada que, además, pone el acento en lo que realmente es una llamada y una invitación: llamada a los que están lejos o no mantienen algún tipo de vinculación con el hogar familiar, en este caso la respectiva parroquia o la diócesis; e invitación porque la puerta está siempre abierta y porque el deseo del reencuentro con los alejados se mantiene vivo. Ya lo decía un salmo de la Biblia: «Ved qué dulzura, qué delicia, convivir los hermanos unidos» (Sal 133 [132], 1). Es la alegría y, a la vez, la belleza de la fraternidad.

Cuando se reúne un grupo de personas entre las que existe una cierta a nidad, más allá de las características del grupo o el motivo del encuentro, un gran factor de esa alegría suele ser el hecho de que estén presentes todos los que pueden encontrarse juntos. Esto pasa también en las comunidades eclesiales, parroquias, grupos apostólicos, asociaciones de eles, etc. Por eso, ante las ausencias no justi cadas, surge la pregunta, el deseo, la nostalgia en relación con el miembro o los miembros que faltan. El lema de la próxima Jornada de la Iglesia Diocesana, la frase «Somos una gran familia contigo» que yo he reproducido en forma de pregunta, como apunté antes, para que nos interroguemos si de veras formamos «una gran familia», apela a la conciencia de cada uno de los miembros con el n de que nadie se quede fuera del conjunto familiar. La respuesta, por tanto, y la posibilidad de ser esa familia grande la tiene, la tenemos, cada uno de los miembros.

Cuidemos esta familia que es cada comunidad, cada parroquia, cada grupo apostólico, la diócesis entera. ¿Cómo? Viviendo abiertos a la vida comunitaria y eclesial, comprometidos con ella, con sus bienes y con sus necesidades. El referente será siempre el ejemplo de los primeros cristianos: «¡Mirad cómo se aman!» decían sus conciudadanos. La familia verdadera acoge, acompaña, ayuda a cada miembro según lo precise, comparte, en una palabra. Ningún miembro se queda fuera, tanto de la ayuda como de la cooperación al bien común.

Os saludo y bendigo.

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