Somos una gran familia contigo

† Julián López Martín

Queridos diocesanos: el año pasado, en vísperas también de la Jornada o Día de la Iglesia Diocesana, formulaba esta pregunta: «¿Somos una gran familia contigo?» invitándoos de alguna manera a que respondieseis personalmente en sentido afirmativo.

Queridos diocesanos: el año pasado, en vísperas también de la Jornada o Día de la Iglesia Diocesana, formulaba esta pregunta: «¿Somos una gran familia contigo?» invitándoos de alguna manera a que respondieseis personalmente en sentido afirmativo. Pretendía de ese modo que fueseis conscientes de la pertenencia, en cuanto miembros vivos y responsables, no solo de la Iglesia católica que sigue siendo «universal» y abierta a todos los hombres y mujeres del mundo –es lo que significa el calificativo de «católica»–, sino también a la Iglesia diocesana en cuanto comunidad «local». Para entendernos: la Iglesia la formamos todos los bautizados en Cristo de cualquier lugar o país, pero no de una manera amorfa e indefinida, sino vinculados y organizados en comunidades, asociaciones de fieles, sectores de apostolado o misión y, especialmente, en parroquias y diócesis.

Para entenderlo mejor, os invito a mirar el cartel de la campaña de este año. Capta el momento del gesto o rito de la paz en la misa. En primer término, con el fondo del interior de una iglesia, aparece un joven que posa su mano sobre la de un adulto que le mira y comparte la sonrisa del primero. En segundo término aparecen otras personas, se supone que realizando el mismo gesto. Podemos pensar que el joven y el adulto son familia, pero en todo caso se miran sonrientes y se dan la mano. El gesto, introducido en la liturgia de la misa hace mucho tiempo ya, expresa cercanía, familiaridad… Algo hay en común que une y acerca de manera que los que se dan la mano en la celebración, aunque antes no se hayan visto jamás, se sienten hermanados por la fe en Jesucristo y por el amor cristiano.

La consecuencia es clara: quienes se han dado la mano fraternalmente durante la celebración eucarística están llamados a reconocerse también como hermanos fuera de ella. Esto es importante, por ejemplo, de cara a la construcción de una sociedad más justa, más solidaria, más comprometida en el bienestar de todos sus miembros. A los verdaderos hermanos nada que atañe a cada uno es ajeno a los demás. Todos se sienten solidarios y responsables de lo que son y de lo que tienen en común.

Apliquemos esto a la vida de nuestras parroquias y comunidades cristianas.Ser una familia significa ser solidarios en los bienes y en las carencias o necesidades. De ahí la importancia de la comunicación de bienes como algo esencial en las comunidades cristianas ya desde los tiempos apostólicos. Cuando la comunidad de Jerusalén envió a Pablo y a Bernabé a anunciar el evangelio a los gentiles, tan solo les pidieron una cosa: «que nos acordáramos de los pobres, cosa que he procurado cumplir con todo esmero» en palabras del primero (Gál 2, 10; cf. Fil 4, 10-19). Esta es la necesaria e insustituible comunicación de bienes que ha de haber entre todas las comunidades y parroquias de la Iglesia, y de manera especial entre las que forman parte de una misma diócesis, por supuesto sin olvidar a las demás. Tengámoslo en cuenta todos en la próxima Jornada de la Iglesia Diocesana el 11 de noviembre de 2018.

Con mi cordial saludo y bendición.

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