¿No lo crees? Pues sí, ¡somos una gran FAMILIA!

† José Leonardo Lemos Montanet

Hace unos días me encontré con un grupo de jóvenes en la peregrinación diocesana organizada por la Hospitalidad de Lourdes. ¡Me sorprendió este buen número de voluntarios-hospitalarios que acompañaban y servían a los enfermos en su camino al santuario de la Virgen! No era la primera vez que descubría esta presencia joven, prestando ayuda a personas que la sociedad actual descarta con frecuencia.

 

Hace unos días me encontré con un grupo de jóvenes en la peregrinación diocesana organizada por la Hospitalidad de Lourdes. ¡Me sorprendió este buen número de voluntarios-hospitalarios que acompañaban y servían a los enfermos en su camino al santuario de la Virgen! No era la primera vez que descubría esta presencia joven, prestando ayuda a personas que la sociedad actual descarta con frecuencia.

Uno de aquellos días de convivencia, después de la cena, tuve un encuentro con ellos, me manifestaron sus preocupaciones e inquietudes sobre asuntos relacionados con los sacerdotes, la falta de testimonio de los católicos, la arbitrariedad en la doctrina y en algunas normas que unos exigen y otros no, también salió a relucir el dinero de la Iglesia. ¡Nada nuevo que no hayamos escuchado antes! Evidentemente, cuando aquellos jóvenes y adolescentes hablaban de la Iglesia la entendían como una institución ajena a ellos y como algo muy distante de sus propias vidas; se olvidaban de que ellos eran el rostro joven de esa Iglesia. Sin darse cuenta se hacían eco de todo ese icono negativo que impregna nuestra sociedad española. Sí, dicen que tienen fe, que quieren seguir a Jesús, pero tienen serios problemas con la Iglesia.

Con la finalidad de ser más didáctico en mis respuestas y no caer en teorizaciones abstractas, les puse como ejemplo a una familia n merosa. Les hice ver que todos los que la componen son diferentes, tienen alguna particularidad, algo que les hace ser lo que son, y, sin embargo, a pesar de las diferencias se sienten miembros de la misma familia. La Iglesia es como esa gran familia –sin fronteras– y que no solo el obispo, los curas y las monjas son la Iglesia, sino que todo bautizado es Iglesia. Una familia compuesta por una multitud de hombres y mujeres, pobres y ricos, ancianos y jóvenes que están unidos a Jesucristo.

Estoy convencido de que necesitamos hacer una profunda catequesis, quizá no muy conceptual y más existencial, que ayude a desmontar los prejuicios y las precomprensiones –tantas veces ideologizadas– para hacerles descubrir a los fieles el verdadero sentido de la Iglesia. Solo desde esa perspectiva crecerá la preocupación por todo aquello que afecta a la vida de esa gran familia compuesta por muchos hogares interrelacionadas entre ellos por vínculos más poderosos que la sangre: una misma fe, un mismo bautismo, una misma eucaristía. Si logramos hacer esto, entonces tendrá sentido la preocupación por el sostenimiento económico de las 735 parroquias que tenemos en nuestra diócesis. Por sentir los seminarios, los monasterios y conventos como algo propio. Sabremos descubrir que Cáritas no es solo una ONG, sino algo vital que brota del corazón de la misma Iglesia y que somos todos. Que el patrimonio histórico-artístico no es un museo abierto que se encuentra en cada aldea, villa o pueblo, sino que es una expresión de las antiguas raíces de nuestra fe que debemos proteger y cuidar. Es necesario hacerles descubrir que la Iglesia es esa casa en donde se pude rezar, celebrar la eucaristía dominical y festiva; el lugar donde recibimos los sacramentos.

Para que todo esto, y mucho más, sea una realidad viva y abierta, necesitamos tu ayuda. Te costará menos si te esfuerzas por descubrir que en la Iglesia somos una gran familia. Una familia siempre abierta a todas las necesidades. Una familia sin fronteras. ¡Somos tu familia!

Con afecto te saluda y se encomienda a tus oraciones.

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