Somos una gran familia contigo

† Jesús Murgui Soriano

Mis queridos diocesanos: la Iglesia es la familia de Dios, nos decía el papa Francisco en una de sus catequesis. Hoy, la jornada del Día de la Iglesia Diocesana nos dice que: “Somos una gran familia, contigo”. Efectivamente somos, en expresión afortunada, “la gran familia de los hijos de Dios”.

Mis queridos diocesanos: la Iglesia es la familia de Dios, nos decía el papa Francisco en una de sus catequesis (29 de mayo de 2013). Hoy, la jornada del Día de la Iglesia Diocesana nos dice que: “Somos una gran familia, contigo”. Efectivamente somos, en expresión afortunada, “la gran familia de los hijos de Dios”.

Formamos parte de ella. Cuántas veces somos como el “hijo pródigo”, que vuelve a la casa del Padre, avergonzado por haber gastado toda su fortuna “viviendo perdidamente”, pero que se encuentra con el Padre misericordioso que le acoge y le perdona y le reviste de nuevo de gracia entregándole el anillo, signo de la dignidad perdida. O somos como el “hijo mayor” que ha permanecido siempre junto al Padre, pero que también necesita de la misericordia del Padre para curar su corazón, endurecido y cerrado al amor misericordioso, que es incapaz de comprender y de perdonar.

No sobramos ninguno. Más aún, todos hacemos falta, pues la familia sin ti no está completa, se queda empobrecida, pero contigo se hace grande.

Es importante que descubramos nuestra pertenencia a la Iglesia y nos sintamos miembros vivos de la misma. Aunque pobres y pecadores, Dios nos ha llamado a formar parte de esta familia. Nos ha convocado a salir de nuestro individualismo, a dejar de encerrarnos en nosotros mismos y a realizar nuestra pertenencia a la Iglesia desde la ternura del amor al prójimo, del amar y del dejarse amar.

Y esta familia, que es universal y católica, encuentra su expresión completa y acabada en la Iglesia diocesana de Orihuela-Alicante, tu diócesis, porción de la Iglesia de Dios que necesita de ti para seguir siendo una gran familia.

Tu labor apostólica, evangelizadora, tu disponibilidad, tu ayuda a la parroquia en la que vives y practicas tu fe son necesarias: no nos podemos permitir el lujo de prescindir de ti. Queremos seguir siendo la Iglesia de Jesús, contigo.

Que esta jornada nos ayude a descubrirlo todavía más y nos anime en nuestra responsabilidad eclesial.

Un abrazo, con mi bendición.

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