Somos lo que tú nos ayudas a ser. Somos una gran familia contigo.

† Francisco Pérez González

Queridos diocesanos: el domingo 8 de noviembre celebramos el Día de la Iglesia Diocesana con un mensaje integrador: “Somos lo que tú nos ayudas a ser. Somos una gran familia contigo. Con tu tiempo, tus cualidades, tu apoyo económico y tu oración, #SomosIglesia24Siete”.

Se trata de una jornada que nos ayuda, sobre todo, a tomar conciencia de nuestra pertenencia a la gran familia de la Iglesia. Solo podemos formar una gran familia contigo conscientes de nuestra presencia y pertenencia a la comunidad diocesana en el día a día de nuestro peregrinar cristiano. 

Nuestra diócesis de Pamplona y Tudela debe verse y sentirse como una gran familia en la que nadie sobra y todos somos necesarios, viviendo como comunidad de fe, esperanza y caridad.

Hacer de la diócesis una familia significa favorecer la participación de todos. En esta edificación todos somos necesarios y nadie es imprescindible. Colaboramos para hacer de nuestra diócesis una Iglesia vigorosa en la fe por la escucha de la Palabra de Dios, la oración y la participación en la eucaristía dominical; una Iglesia que transmita la fe a los niños, adolescentes y jóvenes; una Iglesia con abundantes vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada; una Iglesia acogedora de los inmigrantes, hospitalaria con los que no tienen hogar, cercana a los pobres y marginados. 

Para ello, la Iglesia necesita tus dones y capacidades, tu oración y tu colaboración económica. Sin todo ello, nuestra diócesis y nuestras parroquias no podrían desarrollar gran parte de la labor que ofrecen a todos: caritativa y social, catequética y formativa, celebrativa…

Nuestra sociedad es actualmente, con mucha frecuencia, inhóspita para los cristianos; nos hallamos como en un ambiente extraño y casi hostil. En esta situación comprendemos y apreciamos mejor el don de la fraternidad cristiana y la familia de la fe. Y por ello las palabras del Papa “quien cree nunca está solo” nos señalan un quehacer muy actual en la construcción de cada comunidad. Hemos venido a la fe por medio de otros, vivimos la fe en familia, estamos llamados a transmitir a otros la fe y acompañarlos en su crecimiento y maduración. Los cristianos debemos estar atentos para acercarnos a las personas cuando sufren no solo por motivos de enfermedad y otros problemas familiares o sociales, sino también porque padecen crisis, incertidumbres y oscuridad en la fe.

Cuidemos, pues, este ser «familia» de nuestra Iglesia diocesana en Navarra, aportando ante todo esa gran riqueza –aunque esté escondida– que es nuestra persona, nuestro corazón y nuestras manos. Y estemos siempre seguros de que el Padre, que es bueno, sabrá colmar de bienes a sus hijos.

Os animo vivamente a que colaboréis para que nuestra Iglesia de Pamplona y Tudela pueda cumplir fielmente su misión de hacer presente el amor de Dios a todos los hombres y mujeres. 

Gracias, de corazón, por vuestra entrega personal en los múltiples servicios de la Iglesia y vuestra generosa contribución económica. 

Con mi bendición y afecto.

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