Sin ti no hay presente. CONTIGO hay futuro.

† José Luis Retana Gozalo

Cada año, en el Día de la Iglesia Diocesana, se nos recuerda nuestra pertenencia a la gran familia que es la Iglesia particular, en la que recibimos la fe en nuestro Señor Jesucristo por el bautismo, la compartimos en la eucaristía y la transmitimos con la predicación y el testimonio de nuestra propia vida.

El Día de la Iglesia Diocesana aparece en nuestro calendario pastoral como una invitación a renovar lo que somos, celebrar lo que creemos y aumentar nuestra esperanza. Somos hijos de Dios por el bautismo que nos unió a la Iglesia, nuestra madre, donde celebramos el amor misericordioso de Dios sobre cada uno de nosotros en la eucaristía y se refuerza la esperanza de que nuestras vidas, con todos los afanes, está en las manos de Dios.

Nuestra Iglesia de Plasencia comprende 200 parroquias asentadas en tres provincias: Salamanca, Cáceres y Badajoz. Parroquias con muchos habitantes y otras con menos, pero en todas se continúa actualizando la tradición que el apóstol Pablo ha recibido del Señor y que nos ha transmitido: «Que el Señor Jesús, en la noche en que iban a entregarlo, tomó un pan y, pronunciando la Acción de Gracias, lo partió y dijo: “Esto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros. Haced esto en memoria mía”» (Cor 11, 23). Con qué admirable fidelidad nuestra Iglesia de Plasencia cumple este mandato tanto en la hermosa catedral como en las parroquias más pequeñas, porque en todas, y cada una de ellas, en palabras del cardenal Carlos María Martini: la eucaristía «subraya el carácter sacramental de la Iglesia y significa su aspecto de comunión con el Señor y su dimensión de fermento de relación fraternal». En Cristo eucaristía nos encontramos todos los creyentes de la misma manera que en los ojos de nuestra madre nos hallamos todos los hijos aunque no estemos físicamente presentes a su lado.

La fe que profesamos es un don recibido y la fraternidad entre los diocesanos es, también, un compromiso. Si falta este compromiso no seremos la Iglesia pues, como dice el papa Francisco: «sin fraternidad no se puede crear una auténtica comunidad eclesial (…) en la que se cuide el bien común y a nuestros hermanos, especialmente a los más débiles y marginados».

La colecta que se realiza en este día es un medio, entre otros, de preocupación y deseos efectivos de compartir con las parroquias que tienen menos recursos. A todas y cada una de ellas ha de llegar la presencia del sacerdote, la acción pastoral diocesana, la formación de los laicos, la atención y el cuidado de los agentes de pastoral, la protección sobre sus templos y ermitas…

El Día de la Iglesia Diocesana nos recuerda también que formamos parte de la gran familia de bautizados que es la Iglesia. Nos hace presente nuestra pertenencia a la comunidad de los hijos del Padre amoroso que sale a los caminos para cogernos en sus brazos y que regresemos a la casa paterna para restañar las relaciones filiales y fraternales. Hombres y mujeres que acogemos nuestra vida y nuestra fe como un don de Dios, que renovamos en la eucaristía, y lo ponemos al servicio de cada una de nuestras parroquias, de la Iglesia diocesana, como agradecida colaboración. Así nos lo pide el apóstol Pedro: «Como buenos administradores de la gracia de Dios poned al servicio de los demás el carisma que cada uno ha recibido» (1 Pe 4, 1 0).

Queridos diocesanos, sirva esta comunicación para animar a todos en la corresponsabilidad, tanto en la contribución económica como para ofrecernos a colaborar en cada una de nuestras parroquias.

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