Somos una gran familia contigo

Francisco Rico Bayo

Administrador diocesano

El lema de este año es muy entrañable y cercano. Dirige nuestra mirada y nuestro corazón a esa experiencia gozosa en la que hemos nacido y crecido; en la que hemos vivido las primeras alegrías y los primeros contratiempos; en la que hemos sentido lo que era ser queridos y lo que era empezar a querer; en la que hemos esbozado nuestra primera sonrisa y hemos derramado nuestras primeras lágrimas.

Cada campaña tiene un lema. Con pocas palabras se quiere transmitir el significado de la celebración del Día de la Iglesia Diocesana.

El lema de este año es muy entrañable y cercano. Dirige nuestra mirada y nuestro corazón a esa experiencia gozosa en la que hemos nacido y crecido; en la que hemos vivido las primeras alegrías y los primeros contratiempos; en la que hemos sentido lo que era ser queridos y lo que era empezar a querer; en la que hemos esbozado nuestra primera sonrisa y hemos derramado nuestras primeras lágrimas.

En el entorno familiar hemos aprendido que para ser familia hacen falta varias personas; uno solo no puede disfrutar del ser familia. Además, una familia numerosa encierra más cualidades, más posibilidades, más valores; lo que no tiene un miembro de la familia, lo tiene otro, y el conjunto es espléndido. El lema que nos ocupa es una afirmación dicha con todo entusiasmo y en voz alta: «Somos una gran familia contigo».

Así ha querido Jesucristo que sea su Iglesia: unas personas regeneradas en Cristo por el bautismo que quieren de verdad y se proponen construir un mundo en el que las relaciones sean como las de la familia, es decir, marcadas por el amor, la aceptación mutua y el perdón. También en el aspecto económico: aportación por parte de todos y transparencia por parte de los administradores.

De estas cinco palabras hay una que considero especial, que me encanta: contigo. Sin ti, querido hermano, no puede existir esta gran familia; eres imprescindible para que pueda ser grande; eres necesario para que pueda ser familia; las cualidades que tú tienes las necesitamos los demás; los valores que tú tienes nos ayudan a todos.

Mi invitación en este momento es que te sientas familia de todos los bautizados en Cristo. Y tengo un deseo muy fuerte: que todos nos mostremos y sintamos acogidos y acogedores en el seno de la Iglesia.

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