Somos la gran familia que tú nos ayudas a ser

† Carlos López Hernández

La COVID-19 nos mantiene en situación de riesgo para la salud, el trabajo, la economía familiar y la misma vida. Las precauciones sanitarias nos limitan en las relaciones sociales y, en diversa medida, nos aíslan. También en la celebración de la eucaristía hemos estado limitados.

Este conjunto de experiencias nos han ayudado a tomar conciencia de nuestra fragilidad individual y de la necesidad de la comunidad. Y la pandemia ha suscitado también en nosotros un fuerte sentimiento de interdependencia y de solidaridad humana, económica y evangélica. Todos somos igualmente frágiles y necesitados de atención y cuidados. Todos necesitamos especialmente la cercanía humana y espiritual de la comunidad cristiana, en la que se hace presente el Señor y la gran familia de sus discípulos. En la asamblea eucarística sigue el Señor iluminando con su Evangelio y fortaleciendo con su Pan de Vida nuestro camino diario en esta extraña etapa de nuestra vida social. 

En estas circunstancias, la parroquia ha de seguir siendo lugar de experiencia de encuentro y de sociabilidad; y ha de buscar las modalidades de cercanía y de acogida que necesitan las personas en situación de marginación y soledad. La comunidad parroquial está llamada a ser signo vivo de la cercanía de Cristo, a través de la celebración de la eucaristía y de la red de relaciones fraternas que brotan de ella, y se proyectan especialmente hacia las nuevas formas de necesidad y de pobreza.

La comunidad parroquial es la presencia más cercana de la Iglesia entre nuestras casas y en cada espacio de vida social. En ella somos educados en la fe y en la vida evangélica mediante la catequesis y los sacramentos de la iniciación cristiana. Y de esta manera somos insertados en la Iglesia diocesana que, por la misión del obispo, sucesor de los apóstoles, continúa la misión recibida de Jesucristo, en comunión con el Papa, sucesor de Pedro y pastor de la Iglesia universal.

La Iglesia diocesana es la porción del Pueblo de Dios, necesaria para la misión de Jesucristo en los diversos territorios de todo el mundo, hasta el final de los tiempos. En ella tiene lugar la participación que corresponde a todos los fieles en la misión de la Iglesia, aunque de forma inmediata se realice en una de la comunidades que forman parte de la diócesis.

En la Iglesia diocesana tienen su lugar propio, de forma peculiar: el seminario, para la formación de los sacerdotes; y Cáritas como institución para el testimonio de la caridad de los cristianos. Para atender las necesidades de las personas perjudicadas por la crisis de la COVID-19, ha constituido la Iglesia diocesana un importante fondo social. 

Muchas gracias por ayudarnos a seguir siendo Iglesia diocesana.

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