Somos una gran familia contigo
† Carlos López Hernández

La experiencia de esta vida de familia la hemos hecho más intensa en el proceso de la Asamblea Diocesana, clausurada ante la santísima Virgen María, en su santuario de la Peña de Francia, el día 8 de octubre.

El Día de la Iglesia Diocesana nos ofrece un año más la ocasión de tomar conciencia de nuestra pertenencia a la Iglesia una, santa, católica y apostólica, que vive en medio
del mundo, y está presente y actúa en cada Iglesia particular o diócesis. En cada Iglesia diocesana está realmente realizado el misterio de la Iglesia de Jesucristo, que es Pueblo de Dios, Cuerpo de Cristo y templo del Espíritu Santo, con la totalidad de sus medios de santficación. Y de la unión socialmente visible de todas las diócesis se constituye la única Iglesia universal.
La parroquia es la presencia más cercana de la Iglesia entre nuestras casas y en cada pueblo o ámbito social donde discurre nuestra vida. Y somos incorporados a la Iglesia por el bautismo, ordinariamente recibido en una parroquia. Pero la parroquia es necesariamente parte integrante de una diócesis; y el párroco es un colaborador del obispo en el ejercicio de su ministerio apostólico. Por ello, la incorporación a la parroquia lleva consigo necesariamente la pertenencia a una diócesis.

La diócesis es la unidad eclesial necesaria para la misión de Jesucristo: para el anuncio de la Palabra de Dios, la celebración de los sacramentos y el cuidado pastoral de los eles en la caridad. Y la participación en la misión de la Iglesia, que corresponde a cada bautizado, ha de realizar- se en una diócesis, es decir, en comunión con un obispo, aunque de forma inmediata se realice en una parroquia. Por ello, la diócesis es también la unidad eclesial en la quese vive y mani esta la comunión en la fe, los sacramentos y la guía apostólica. 

En la diócesis tienen su lugar propio: el nacimiento y desarrollo de los diversos estados de vida cristiana; el ejercicio de los carismas del Espíritu y de su desarrollo institucional en las diversas formas de vida consagrada; la comunión efectiva de los eles en la caridad; Cáritas como institución para el testimonio de la caridad de los cristianos; la formación de los sacerdotes en el seminario y la comunión de los presbíteros en la misión y en la vida fraterna; la comunión de las parroquias y otras comunidades en la misión evangelizadora y en la comunicación de sus medios humanos y de sus bienes materiales.

Estos rasgos de la Iglesia diocesana nos permiten describirla como “una gran familia, en la que queremos contar contigo”. Y la experiencia de esta vida de familia la hemos hecho más intensa en el proceso de la Asamblea Diocesana, clausurada ante la santísima Virgen María, en su santuario de la Peña de Francia, el día 8 de octubre.

Ha sido un acontecimiento de gracia, un renacimiento pascual y un nuevo impulso del Espíritu. Nos ha ofrecido un cauce adecuado para experimentar de forma efectiva nuestra pertenencia a la Iglesia diocesana y nuestra llamada a participar en la misión evangelizadora recibida del Señor. En la Iglesia diocesana estamos llamados todos a ser “discípulos misioneros”, “evangelizadores con Espíritu”, abiertos sin temor a la acción del Espíritu Santo, para ser testigos de Jesucristo con palabras y con una vida trans gurada en la presencia de Dios.

Esta renovada e intensa experiencia de nuestra inserción personal en el misterio y la misión de nuestra Iglesia diocesana nos ha hecho asumir también la responsabilidad de contribuir con nuestras aportaciones económicas, que podemos realizar a través de la asignación tributaria y, de forma más directa, mediante donativos o cuotas periódicas, así como participando en la colecta a favor de la Iglesia diocesana, que se realiza anualmente en esta jornada. Y una forma de colaboración de los eles es también tomar parte en la adminis- tración de los bienes, a través de los consejos de economía de las parroquias y de la diócesis.

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