Somos una gran familia contigo

† Carlos López Hernández

El Día de la Iglesia Diocesana nos llama a reconocer que somos miembros de la Iglesia de Jesucristo, que está presente y actúa en cada Iglesia diocesana, con la totalidad de sus medios de santificación. Y de la unión socialmente visible de todas las diócesis se constituye la única Iglesia universal.

El Día de la Iglesia Diocesana nos llama a reconocer que somos miembros de la Iglesia de Jesucristo, que está presente y actúa en cada Iglesia diocesana, con la totalidad de sus medios de santificación. Y de la unión socialmente visible de todas las diócesis se constituye la única Iglesia universal.

La parroquia es la presencia más cercana de la Iglesia entre nuestras casas y en cada pueblo o ámbito social donde discurre nuestra vida. Y somos incorporados a la Iglesia por el bautismo, recibido en una parroquia. Pero la parroquia es parte integrante de una diócesis; y el párroco es un colaborador del obispo, que continúa la misión de los apóstoles en la diócesis. Por ello, la incorporación a la parroquia lleva consigo necesariamente la pertenencia a una diócesis.

La diócesis es la comunidad eclesial necesaria para la misión de Jesucristo: para el anuncio de la Palabra de Dios, la celebración de los sacramentos y el cuidado pastoral de los fieles en la caridad. Y la participación en la misión de la Iglesia, que corresponde a cada bautizado como «discípulo misionero», ha de realizarse en una diócesis, es decir, en comunión con un obispo, aunque de forma inmediata se realice en una parroquia. Por ello, la diócesis es también la comunidad eclesial en la que se vive y manifiesta la comunión en la fe, los sacramentos y la guía apostólica.

En la diócesis tienen su lugar propio: el nacimiento y desarrollo de los diversos estados de vida cristiana; el ejercicio de los carismas del Espíritu y de su desarrollo institucional en las diversas formas de vida consagrada; la comunión efectiva de los fieles en la caridad; Cáritas como institución para el testimonio de la caridad de los cristianos; la formación de los sacerdotes en el seminario y la comunión de los presbíteros en la misión y en la vida fraterna; la comunión de las parroquias y otras comunidades en la misión evangelizadora y en la comunicación de sus medios humanos y de sus bienes materiales.

La experiencia de inserción personal en la comunión y misión de nuestra Iglesia diocesana nos hace asumir también la responsabilidad de contribuir con nuestras aportaciones económicas, que podemos realizar a través de la asignación tributaria y, de forma más directa, mediante donativos o cuotas periódicas, así como participando en la colecta a favor de la Iglesia diocesana, que se realiza anualmente en esta jornada. Y una forma de colaboración de los fieles es también tomar parte en la administración de los bienes, a través de los consejos de economía de las parroquias y de la diócesis.

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