Somos una gran familia contigo

† José Ignacio Munilla Aguirre

Queridos diocesanos: Dios mediante, el día 12 de noviembre celebraremos el Día de la Iglesia Diocesana, en el que se acostumbra a hacer público el balance económico de nuestra diócesis. Ciertamente, la economía es necesaria para el desarrollo de la vida de la Iglesia; y, obviamente, es responsabilidad de todos los miembros de la Iglesia sostener con nuestros propios medios las necesidades que se derivan de la tarea evangelizadora.

Queridos diocesanos: Dios mediante, el día 12 de noviembre celebraremos el Día de la Iglesia Diocesana, en el que se acostumbra a hacer público el balance económico de nuestra diócesis. Ciertamente, la economía es necesaria para el desarrollo de la vida de la Iglesia; y, obviamente, es responsabilidad de todos los miembros de la Iglesia sostener con nuestros propios medios las necesidades que se derivan de la tarea evangelizadora. Como podréis observar en el balance económico publicado, tenemos di cultad para poder hacer frente a las múltiples necesidades que se plantean, de una forma especial, en lo que se re ere a los programas de rehabilitación de nuestros templos, que suponen un gran reto para nosotros. Consciente de vuestro amor a la Iglesia, me atrevo a pediros, una vez más, vuestra generosa contribución para que podamos llegar a equilibrar ese balance anual. Además de los medios tradicionales para hacer llegar nuestras ayudas económicas, existe un conducto muy práctico y sencillo que se ha puesto en marcha recientemente desde la Conferencia Episcopal Española, para contribuir a cualquiera de las parroquias o diócesis. Me refiero a la web: www.donoamiiglesia.es

Pero aunque el aspecto económico sea necesario, no es ni mucho menos el más importante. Recuerdo haber escuchado en una conferencia a la que asistí recientemente la siguiente expresión: «Lo más importante en esta vida es que lo más importante sea lo más importante». O dicho de otro modo, el éxito de la vida estriba en que dediquemos lo mejor de nuestro tiempo y esfuerzo a lo esencial, sin consumirlo en lo que es secundario. ¿Y qué es lo esencial en la Iglesia? Podemos responder a esa pregunta con tres palabras: adoración y alabanza a Dios, trasmisión de la fe, y caridad con los necesitados. Estos tres son los pilares de la vida de la Iglesia, y sería un error grande por nuestra parte, si nos distrajésemos con cualquier otro objetivo secundario. Por ello, en este Día de la Iglesia Diocesana tenemos una buena oportunidad para reafirmarnos en nuestro compromiso por lo esencial.

Y, por último, aprovecho la celebración del Día de la Iglesia Diocesana para “saludar” el inicio de la reestructuración territorial de nuestra diócesis, recientemente puesta en marcha. En efecto, en la actualidad nuestra diócesis ha pasado de estar configurada de trece arciprestazgos a seis (ya en años anteriores se habían dado pasos en la misma dirección), que son los siguientes: Ekialde (anteriormente, formado por Errenteria e Irún), Donostia (anteriormente dividida en Antiguo, Centro, Gros y Herrera), Beterri (anteriormente Tolosa y Hernani), Urola-Kosta (anteriormente Zarauz y Azpeitia), Goierri (anteriormente Zumárraga y Ordizia) y Mendebalde (anteriormente Eibar, Bergara y Arrasate).

Toda reestructuración tiene sus di cultades de acomodación, y en el caso presente es lógico pensar que también sea así. Hemos sopesado mucho los pros y los contras de esta decisión, y la razón principal que nos ha llevado a dar el paso no ha sido exclusivamente la necesidad de concentrarnos por nuestra disminución numérica, cuanto la necesidad de mejorar nuestro coordinación entre la organización sectorial del obispado y la organización territorial en nuestra provincia. Os pido vuestra oración y colaboración para que nuestros primeros pasos vayan bien encaminados.

Os deseo de todo corazón que el curso pastoral sea intenso y fructífero. Con mi bendición.

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