Somos lo que tú nos ayudas a ser.

† Manuel Sánchez Monge

Cuando nos acercamos al templo parroquial queremos encontrarlo limpio, ordenado, con buena megafonía, con calefacción en invierno… Ahora debe haber gel hidroalcohólico para nuestras manos y al finalizar la celebración hay que desinfectar bien el templo. También hay que mantener locales y afrontar obras imprescindibles. Pero lo que más importa es la ayuda obligatoria a los pobres, sea cual sea el rostro de su pobreza, que en tiempos como los que vivimos suele ser muy variado: falta trabajo, no se pueden afrontar alquileres o gastos corrientes de la casa, hay personas que nunca pensaron tener que acercarse a pedir a Cáritas y ahora lo han de hacer, etc.

Todo esto supone unos gastos que hemos de afrontar entre todos. Hacer la colecta en la misa es un gesto importante que nos recuerda que los cristianos tenemos que vivir la comunicación de bienes compartiendo con los hermanos lo que recibimos de Dios. Es verdad que en no pocos casos es el momento de deshacernos de unas monedas, sin tocar los billetes, para que nuestra conciencia no nos remuerda. Pronto deberemos concienciarnos todos de que la colecta del domingo debe ser un modo habitual, y hasta generoso, de compartir los gastos de la comunidad que nadie subvencionará. Hemos de practicar aquello que hemos visto en algunas iglesias. “Si tienes, da; si necesitas, pide”.

A necesidades nuevas, iniciativas nuevas. Bienvenidos sean otros cauces para aportar a los gastos de las comunidades cristianas. Las suscripciones familiares que aportan mensual, trimestral o semestralmente una cantidad estable pueden ayudar a planificar los gastos parroquiales, afrontar iniciativas en la formación de catequistas, en la atención a los pobres… O hagamos nuestro donativo a la comunidad diocesana o parroquial a través de otros cauces como el de internet donoamiiglesia.es, que ha puesto en marcha la Conferencia Episcopal Española. Además, desde 2016, tu donativo desgrava más. La normativa fiscal es muy favorable para los donantes que lo hacen con periodicidad. 

Son distintas formas de poner en práctica que los que nos acercamos al Señor en la comunión, no podemos olvidarnos de Él cuando nos visita en los necesitados de pan o de fe, que también es necesaria para vivir. Seamos generosos. Ya hemos experimentado seguramente todos que Dios no se deja ganar en generosidad y nos devuelve mucho más de lo que damos. “El que siembra tacañamente, tacañamente cosechará; el que siembra generosamente, generosamente cosechará” (2 Cor 9, 6).

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