Somos una gran familia contigo

† Manuel Sánchez Monge

Celebramos un año más la Jornada de la Iglesia Diocesana y se nos recuerda que la Iglesia es una gran familia. No es algo abstracto o puramente institucional. Es la familia de los hijos de Dios que se conocen, se aman, se ayudan y se perdonan. La Iglesia como familia se nos hace cercana en la diócesis y, más aún, en cada parroquia.

Celebramos un año más la Jornada de la Iglesia Diocesana y se nos recuerda que la Iglesia es una gran familia. No es algo abstracto o puramente institucional. Es la familia de los hijos de Dios que se conocen, se aman, se ayudan y se perdonan. La Iglesia como familia se nos hace cercana en la diócesis y, más aún, en cada parroquia.

La parroquia es un lugar de acogida y fraternidad abierta a todos, en ella y desde ella, se invita y envía a la misión. La parroquia, y a través de ella la diócesis, pretende acompañar a todas las familias y a cada uno de los cristianos en los acontecimientos más importantes de la vida de fe: cuando ocurre un nacimiento (bautismo), cuando se tiene uso de razón (primera comunión), cuando se toman decisiones importantes (con rmación, matrimonio, orden sacerdotal, profesión religiosa), cuando se enferma gravemente (unción de enfermos) cuando se muere (exequias). Ella está especialmente al lado de los ancianos, de los enfermos y de los más necesitados de nuestra sociedad. Las 615 parroquias de la diócesis de Santander atendidas por 183 sacerdotes necesitan muchos recursos económicos para realizar in nidad de actividades en catequesis, en el acompañamiento espiritual de los jóvenes, en las Cáritas parroquiales apoyadas y coordinadas por Cáritas diocesana, en su actividad social, educativa y asistencial. Y también para las celebraciones de la fe tan importantes para los creyentes. El mantenimiento de toda esta actividad y la conservación de las infraestructuras sólo son posibles gracias a la colaboración de los cristianos y de cuantos valoran la gran aportación que la Iglesia hace al ser humano. Son muchas las personas dentro de las comunidades cristianas que van tomando cada vez más conciencia de su pertenencia viva y activa a la Iglesia. Y, en consecuencia, ofrecen su tiempo, su saber, su colaboración tanto espiritual como material, para que la Iglesia pueda seguir cumpliendo con delidad el encargo de Jesucristo de ofrecer a todos los hombres la buena noticia de la Salvación.

Todos formamos esa gran familia que es la Iglesia. Y todos debemos sentirnos llamados a ser testigos, apóstoles y misioneros del Evangelio de Jesús en nuestro mundo. Y todos debemos prestar nuestra colaboración económica para que la diócesis y sus diversas parroquias puedan llevar adelante su misión evangelizadora. No sobramos ninguno. Más aún, todos hacemos falta, pues la familia sin cada uno de nosotros no está completa, queda empobrecida.

La diócesis, por su parte, tiene en marcha muchas realidades para ayudar a todos los que tienen necesidad, tanto espiritual como materialmente. Por eso, esta gran familia que formamos todos, necesita que todos la consideremos algo nuestro, algo que nos interesa y que sacamos adelante entre todos.

En el Día de la Iglesia Diocesana te invito a que conozcas algo de la historia de tu diócesis, a que te intereses por sus objetivos prioritarios para este curso pastoral, a que colabores en ella y no te conformes pasivamente con recibir. También tu aportación económica puede lograr que la Iglesia, a través de Cáritas y otras Instituciones y personas, siga ayudando en todos los órdenes a quienes más lo necesitan.

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