¡Ama a tu Iglesia! ¡Colabora!

† Casimiro López Llorente

El Día de la Iglesia Diocesana nos invita a conocer nuestra Iglesia, a sentirla como propia para amarla de corazón. Muchas veces tenemos falsas imágenes de la Iglesia o nos dejamos atrapar por críticas injustas. Cierto que hay cosas criticables y mejorables, pero corresponde a todos cuantos la formamos suprimir lo que no está bien para que sea de verdad la Iglesia de Jesucristo.

Nuestra Iglesia de Segorbe-Castellón no es una estructura. Es la comunidad de los cristianos católicos del territorio diocesano; está presidida por el obispo como su pastor, en nombre de Jesús, el Buen Pastor: existe para anunciar, celebrar y realizar el Evangelio de Jesús, la salvación de Dios, para todos. Su cabeza invisible es siempre Cristo: somos su cuerpo místico. Querida por Jesús y alentada por el Espíritu Santo es el lugar de la presencia del Señor y de su obra salvadora entre nosotros a lo largo de los siglos. El mismo Cristo nos ha encomendado a todos la hermosa tarea de anunciar el Evangelio, de celebrar los sacramentos, y de vivir la caridad para que el amor de Dios llegue a todos.

Cierto que cada uno vive y experimenta la Iglesia en su comunidad parroquial o eclesial; pero estas que son como células del cuerpo de la Iglesia diocesana, a la que tiene que estar unida para ser comunidad eclesial, para pertenecer a la Iglesia de Jesús. La diócesis es nuestra gran familia, de ella formamos parte todos los católicos que vivimos en el territorio diocesano. No se puede ser cristiano, discípulo misionero de Jesús, al margen de la comunidad de los creyentes, al margen de la Iglesia, de su vida y de su misión. 

Para ello es necesario amar la Iglesia como algo propio: no será posible si no la conoce desde dentro, y si no se vive personalmente la propia fe. Ser cristiano no se reduce a recibir el bautismo y el resto de los sacramentos, o a practicar ocasionalmente. Cristiano es quien tiene la experiencia de un encuentro personal con Jesús en su comunidad, quien se adhiere de corazón a Él, lo acoge y vive día a día el don de la fe y la nueva vida del bautismo, como verdadero regalo liberador y no como carga insoportable. Quien deja que Jesús y su Evangelio conformen su pensar, sentir y actuar, da junto con otros testimonio de su fe y se compromete en la transformación de la sociedad y del mundo. En una palabra, cristiano es el que sigue y vive unido personalmente a Jesús y a su Evangelio, y esto siempre, en el seno de la comunidad de los creyentes, en la Iglesia, participando en su vida y misión. Es el camino que el mismo Jesús nos ha dado. 

No lo olvides: la diócesis es tu Iglesia y ella cuenta contigo, con tu compromiso: viviendo personalmente tu condición de cristiano, cooperando en su vida y en sus tareas, comprometiéndote en su financiación. No se trate de dar una limosna puntual, sino de cooperar según tus posibilidades, para que no le falte lo necesario para llevar a cabo la ingente tarea que Jesús nos ha encomendado. Tu colaboración económica será el termómetro de tu amor a tu Iglesia. 

Con mi afecto y bendición.

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