Somos una gran familia contigo

† César Augusto Franco Martínez

El Día de la Iglesia Diocesana nos invita a renovar nuestra pertenencia a la diócesis de una manera responsable. La diócesis no es una estructura de tipo sociológico, ordenada a coordinar todas las actividades pastorales que se desarrollan en un territorio concreto. Es una Iglesia de Cristo que ofrece a los hombres la salvación.

El Día de la Iglesia Diocesana nos invita a renovar nuestra pertenencia a la diócesis de una manera responsable. La diócesis no es una estructura de tipo sociológico, ordenada a coordinar todas las actividades pastorales que se desarrollan en un territorio concreto. Es una Iglesia de Cristo que ofrece a los hombres la salvación. Está presidida por un sucesor de los apóstoles, un obispo, que garantiza la verdad de la fe y la continuidad de la misión de Cristo en medio del mundo. Los cristianos vemos más cercana la parroquia porque se identifica más con el propio barrio. Pero una parroquia no es autónoma, ni vive al margen de la diócesis. Todo lo contrario, es como su célula primera y fundamental. No debe haber oposición entre sentirse miembro de una parroquia y al mismo tiempo de la diócesis, aunque sea mucho más amplia y no lleguemos a conocerla profundamente.

En este Día de la Iglesia Diocesana debemos interesarnos por conocer mejor la diócesis y sus muchas necesidades, y sentirnos como una gran familia en la que nadie sobra, sino que cada uno, con su propia aportación, la enriquece y hace posible su misión. El obispo necesita la ayuda de todos para llevar adelante la misión de Cristo: evangelizar, santificar, pastorear. Los problemas de la diócesis son problemas nuestros: la escasez de sacerdotes, el seminario, los centros de Cáritas, las residencias de ancianos, la atención a nuestros misioneros, las parroquias, etc. No podemos ser indiferentes cerrándonos en nuestra parroquia y en nuestros propios grupos o movimientos. Debemos abrirnos a la realidad de toda la Iglesia de Segovia y sentir como propios sus problemas, especialmente los que se refieren a los miembros de la Iglesia más necesitados: ancianos, niños y jóvenes, enfermos, marginados, familias sin trabajo y personas sin techo. Nadie puede sentirse desamparado dentro de la Iglesia, porque es una gran familia y cuenta contigo.

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