Somos una gran familia contigo

† Eusebio Hernández Sola, OAR

El domingo 12 de noviembre celebramos el Día de la Iglesia Diocesana, con el mismo lema del año pasado: «Somos una gran familia contigo».

El domingo 12 de noviembre celebramos el Día de la Iglesia Diocesana, con el mismo lema del año pasado: «Somos una gran familia contigo».

No es casualidad, porque presenta a la Iglesia como la gran familia de los hijos de Dios. ¿Dónde nos sentimos siempre acogidos, protegidos, ayudados, queridos? Sin duda que en la familia. Celebrar el Día de la Iglesia Diocesana es recordarnos que pertenecemos a una familia, a una diócesis, con sus parroquias, donde cada uno de nosotros ha sido incorporado a la Iglesia por el bautismo. En la parroquia seguimos celebrando los sacramentos en momentos importantes de nuestra vida, primera comunión, confirmación, matrimonio.

Todos vosotros sois embajadores de la Iglesia allí donde estáis y «ser de la Iglesia, es ser Iglesia». La Iglesia es nuestra comunidad de fe, lo que la gente ve, lo que vosotros transmitís con vuestra actitudes y comportamientos. Os invito a todos a tenerlo siempre en cuenta.

De nada serviría ir a la Iglesia, ser Iglesia, si no somos capaces de practicar la caridad, el mandamiento del amor, de iluminar el camino de cada persona: «Brille así vuestra luz ante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre» (Mt 5, 16).

Por ello, utilizad todos los sentidos para transmitir la belleza de la caridad, porque Dios es amor y no hay belleza más sublime que la belleza de Dios. Dios es la Belleza Absoluta. Y no hay momento más alto de la revelación de la belleza de Dios que el gesto del Hijo que da su vida en la cruz. De ahí la importancia que tiene en la Iglesia el “darse”.

Iluminar la esperanza de aquellos que son víctimas directas de las estructuras que generan injusticia y exclusión, iluminar el camino de aquellos que saben esto y quieren cambiar su propia vida para ponerla al servicio de otros, o cambiar esas estructuras para servir a quienes más lo necesitan.

Pero si las personas no ven nuestras obras, si nuestro discurso y nuestras obras no son coherentes, ¿cómo llegaremos a los hombres y mujeres de nuestro tiempo si no practicamos el mandamiento del amor y vivimos como cristianos?

Sabéis que el plan pastoral diocesano tiene como misión «poner a la Iglesia diocesana de Tarazona en estado de misión». Y la Iglesia en misión es “de puertas abiertas”, es llenar de Evangelio la calle y salir al encuentro del hermano que más lo necesita, es asistir al “último” de la sociedad.

Esto sigue siendo tarea de todos. Sin la participación libre y responsable de los sacerdotes, religiosos y laicos no será posible.

Y, como somos una gran familia, todos debemos colaborar en ella. Os invito a todos a participar no solo en el espíritu de la Iglesia, sino a contribuir a su sostenimiento.

La labor social de la Iglesia de Tarazona necesita medios económicos para llevar a cabo su misión, que no es otra que evangelizar. Y para ello necesita retribuir a sus sacerdotes, mantener el seminario y los servicios pastorales, ayudar a la misión de Cochabamba, cuidar el patrimonio artístico y cultural y, sobre todo, atender a los más desfavorecidos de nuestra sociedad.

Formar parte de esta familia, que es la Iglesia, estrecha entre nosotros los lazos fraternos hasta sentirnos corresponsables los unos de los otros. Tan importante es quien sostiene la Iglesia con su oración y su interés por la marcha de la parroquia como aquel que colabora económicamente o está implicado en la actividad pastoral diaria de la misma. En un mundo como el actual, es un gran desafío relacionar nuestras raíces humanas con la fraternidad universal. Y para un cristiano, por medio del testimonio y la participación en la Iglesia, ayudar a todos a tomar conciencia de que unidos como hermanos tenemos futuro.

Que nuestra Iglesia diocesana sea un recinto de verdad, de amor, de belleza, de libertad, de justicia y de paz, para que todos encuentren en ella un motivo para seguir esperando.

Gracias a todos por vuestra entrega, disponibilidad y generosidad.

Para todos un cordial saludo fraterno y mi bendición.

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