La gestión de la casa

† Antonio Gómez Cantero

Más o menos estas palabras del título son el significado etimológico de la palabra “economía”. Y cuando hablamos de familia, inevitablemente hablamos de casa, y en el mejor de los casos, de hogar. La iglesia, desde su nacimiento, ha intentado ser hogar comunitario, espacio de acogida, servicio a los más pobres, dedicación a las necesidades básicas de aquellos que habitaban a su alrededor y también la ayuda a otras comunidades nacientes.

Ya las primeras comunidades cristianas, en los principios, ante las necesidades de los huérfanos y las viudas, hay una llamada apostólica a la solidaridad (adhesión sólida entre unos y otros, es más que compartir dinero) para que las comunidades se ayudaran entre ellas, y así por la preocupación de mantener una administración, centrada sobre todo en la caridad y la distribución de los bienes, para vivir en el mandato del amor, se creó el orden de los diáconos. 

La primitiva Iglesia, movida por la acción del Espíritu, salió a los cuatro puntos cardinales, a anunciar la Buena Noticia de Jesús, incluso dando su vida, como ocurre aún hoy en demasiados países del mundo, tanto en las Iglesias locales como en sus misioneros. Siempre nos hemos sostenido en los mártires, que nos han dado fuerza para seguir adelante. La ayuda a la Iglesia misionera y perseguida es una constante en nuestras comunidades. 

Hoy, nuestra Iglesia del siglo XXI, también necesita de ese testimonio evangélico y de esa ayuda de personas, y económica de unas comunidades para con otras. La tarea es ingente pero no ha habido ninguna traba en nuestra historia, del tipo que sea, que no nos haya hecho, con la ayuda del Señor, salir adelante, incluso con más brío y más purificados.

El engranaje de esta casa común nos exige entregarnos: compartiendo nuestras vidas, celebrando juntos, orando unos por otros, sosteniendo las necesidades a las que vamos dando respuestas. Ha sido la Iglesia a lo largo de los siglos pionera en creatividad y entrega dando respuestas a las necesidades urgentes sociales: los enfermos, los infectados, la infancia sin escolarización, discapacitados, el cuidado de las personas en prostitución, los talleres para iniciar a trabajos, las universidades y escuelas catedralicias, monásticas, parroquiales, los hospitales y leproserías, bibliotecas, imprentas, promotora del arte y la cultura, impulsora de fiestas populares, los monasterios y sus hospederías, fundaciones, y las iglesias, la mayoría verdaderas obras de arte, cargadas de joyas escultóricas y pictóricas en los más recónditos lugares (en algunos pueblos la única obra de arte que se ha mantenido a lo largo de la historia es la parroquia… y todo por el tesón de un pueblo creyente. Allí donde hay una necesidad, allí está una mujer o un hombre creyente, una pequeña comunidad, dando respuestas afectivas y efectivas, impulsados por su seguimiento a Cristo. 

La Iglesia es aquello que tú quieres que sea. Piénsalo bien. Ahora en nuestra diócesis comenzamos a ser una Iglesia anciana, no solo en los sacerdotes, sino también, a la par, en el pueblo creyente. Ahora más que nunca necesitamos el vigor evangelizador de todos y necesitamos tu aportación económica. Un día vi un cartel en la puerta de una iglesia que decía: “Los domingos invita a un café a tu parroquia”. En realidad, el cura estaba pidiendo que al menos aportasen entonces un euro, (el precio de un café) en la colecta dominical. Me hizo sonreír, pero tenía razón, la Iglesia la sostenemos todos y nuestra casa es muy grande, piénsatelo. ¡Ánimo y adelante!.

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