Somos una gran familia contigo

† Enrique Benavent Vidal

Todos formamos parte de la Iglesia universal por medio del Pueblo de Dios que vive en una Iglesia particular, en nuestro caso en la Iglesia diocesana de Tortosa. En ella hemos recibido el bautismo que nos hace Hijos de Dios, celebramos los sacramentos recibiendo el alimento de vida eterna en la Palabra y la eucaristía, especialmente, y vivimos la caridad en el servicio a los hermanos, de un modo particular en los más necesitados.

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El 13 de noviembre celebramos la Jornada de “Germanor”. Esta jornada anual pretende ser una contribución a fortalecer y vigorizar nuestro sentimiento de pertenencia a la Iglesia diocesana. Todos formamos parte de la Iglesia universal por medio del Pueblo de Dios que vive en una Iglesia particular, en nuestro caso en la Iglesia diocesana de Tortosa. En ella hemos recibido el bautismo que nos hace Hijos de Dios, celebramos los sacramentos recibiendo el alimento de vida eterna en la Palabra y la eucaristía, especialmente, y vivimos la caridad en el servicio a los hermanos, de un modo particular en los más necesitados.

Pero este servicio eclesial, estos dones que recibimos del anuncio del Evangelio, suponen la implicación de todos los creyentes, de todos los bautizados, en el sentido de formar parte de la familia de los Hijos de Dios y de la necesidad que el Señor quiere tener de nosotros para poder transmitir la Buena Nueva a todos.

El ser y sentirse comunidad cristiana lleva a la participación, a la colaboración, a interesarse por la Iglesia diocesana. Y aquí están las diferentes formas de sostener y fomentar la vida eclesial: la oración, la catequesis, la liturgia, Cáritas... y la colaboración económica.

Todos los creyentes participamos, en la medida de nuestras posibilidades y de acuerdo con nuestras cualidades, en la vida de la Iglesia. Como obispo de la diócesis de Tortosa agradezco todo lo que hacéis: oración, ayudar en la liturgia de la parroquia, la catequesis, los grupos, Cáritas, la economía y tantos otros servicios que prestáis de forma silenciosa. Pero también os animo a seguir en estas tareas que hacen posible que la Iglesia pueda continuar llevando a cabo la misión que le confió Jesús.

Que el sí que proclamamos personal y comunitariamente cada domingo en la celebración de la misa nos lleve a vivir en la Iglesia como auténtica familia que se implica, se preocupa y colabora.

Con mi bendición y afecto.

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