Somos lo que tú nos ayudas a ser.

† José Francisco Matías Sampedro

La situación vivida desde mediados del mes de marzo hasta la fecha en la que se escriben estas líneas, septiembre, (confinamiento, ‘desescalada’ y vuelta a la ‘nueva normalidad’) ha hecho que el sentimiento de Iglesia diocesana se haya ido acrecentando por lo que significa de acogida de la gracia de Dios en un lugar determinado, por el interés común de dar respuesta a los problemas que han surgido y van surgiendo desde un compromiso de fe en las distintas comunidades diocesanas y por un intento de visibilizar el rostro misericordioso de Dios actuando en su Iglesia por el Espíritu hasta el final de los tiempos, con acompañamiento, consuelo y esperanza.

El Día de la Iglesia Diocesana quiere acercar el interés y la preocupación de esta por responder a las necesidades de la sociedad en la que está inserta y ofrecer, a los hombres y mujeres que la forman, los valores del Evangelio. Las distintas parroquias, asociaciones, movimientos, comunidades, con sus proyectos y realizaciones, hacen palpable la fuerza del Espíritu en la Iglesia, conduciéndola a hacer presente el reino de Dios entre los hombres. 

Celebrar el Día de la Iglesia Diocesana ha de servir para afianzar nuestra conciencia personal de que somos la gran familia que es la diócesis. Y esto nos lleva a consolidar los vínculos de relación entre todos, a sentirnos acogidos y, también, implicados en la vida de la misma. El ofrecimiento de nuestras cualidades, tiempo, oración y apoyo económico son las mejores muestras de que estamos en sintonía con lo que la Iglesia quiere para cada cristiano allí donde vive su fe.

Son los hombres y mujeres miembros de la Iglesia Diocesana quienes, sintiéndose llamados a hacer Iglesia en un espacio y en un tiempo determinado de la historia, se esfuerzan, con la gracia de Dios, en acoger, potenciar, y dar a conocer los misterios de Dios en su realidad de comunión y misión. Todos somos Iglesia, todos participamos de los bienes que el Señor ha depositado en ella y todos estamos urgidos a conocerlos, vivirlos y testimoniarlos. Para ello, la Iglesia necesita de nuestro tiempo, de medios materiales, del sentido de corresponsabilidad, del trabajo compartido. 

Oremos al Señor por nuestra Iglesia diocesana, para que sea fiel a las directrices del Espíritu, y colaboremos con ella con nuestras capacidades y posibilidades personales y con nuestros bienes económicos. El lema “Somos lo que tú nos ayudas a ser” ha de simbolizar la muestra de nuestro compromiso en la Iglesia y por la Iglesia diocesana. Que la imagen de la Iglesia, hecha presente en las Iglesias particulares, en las diócesis, cale en nosotros y nos lleve a interesarnos, preocuparnos y comprometernos en el crecimiento de aquella en nuestro mundo al servicio de los hombres.

Os pido que os sintáis miembros importantes de nuestra Iglesia diocesana. En ella todos somos beneficiarios y responsables. Así pues, participad intensamente de ella, ofreceos y aportad de lo vuestro para que siga anunciando, celebrando y poniendo en práctica el amor de Dios al mundo, a nuestra tierra zamorana.

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