Sin ti no hay presente. CONTIGO hay futuro. La eucaristía, en el horizonte.

† Juan Carlos Elizalde Espinal

Muy queridos hermanos en el Señor Jesucristo: los cristianos formamos, en torno a Jesús, el Señor, una familia de hermanos que confiesan una misma fe, anhelan una común esperanza y ejercitan la caridad de modo multiforme. Por ello, esta comunidad creyente, que es la Iglesia, está llamada a cultivar en todos sus miembros estas cualidades esenciales que la identifican. Esta gran familia universal de los seguidores de Cristo está integrada por todas las Iglesias locales esparcidas por todo el mundo, en cada una de las cuales está presente la única Iglesia católica, como acontece en nuestra diócesis de Zamora, lo cual significa que es nuestra familia creyente.

Queridos amigos y amigas: ¡feliz Día de la Iglesia Diocesana! Maitasun ta zuzentasunez dezagun lortu anaien askatasun, badator eta Jaunaren betiko egun. Hor dugu distiratsu egunsentiko argitasun. Dios tiene un plan para ti. Ser cristiano es admitir que, como hijos muy amados, Dios sueña un mundo de hermanos y una misión para cada persona. Nadie queda fuera. Dios nos confía personas y amándolas sacamos lo mejor de nosotros mismos. 

Favoreciendo a los “últimos”, damos con nuestra mayor riqueza personal. Nadie está obligado a más de lo que puede, pero acertar hoy con la propia aportación es formar parte de esa Iglesia en salida, samaritana y misericordiosa. la diócesis se hace familia cuando comparte el mismo proyecto de evangelización. Las distintas sensibilidades y estilos enriquecen la comunión cuando hay acciones prioritarias en las que todos coincidimos. 

Construyámoslas para favorecer también la evangelización de los más alejados y la promoción de los más pobres. Estemos a la altura de los tiempos y de las necesidades.

Estamos trabajando la línea 1 del Plan Diocesano de Evangelización: «La Iglesia diocesana, creadora de comunidad. Llamados a vivir en comunidad». Identidad cristiana y comunión eclesial. Está en juego la remodelación de parroquias, arciprestazgos y unidades pastorales, constitución de equipos pastorales y formación de todos los agentes de pastoral. 

Como obispo, en este Día de la Iglesia Diocesana, para orientar y motivar la acción pastoral de la diócesis, señalar una realidad: la centralidad de la eucaristía dominical. Desde la eucaristía y hacia la eucaristía quisiera que recorriéramos un camino sinodal cada uno desde donde está. Lo tenemos recogido en la 3.a Línea del Plan: «Celebrar y vivir la eucaristía, especialmente la dominical, como fuente de la identidad y misión de la Iglesia y del creyente».

Propongo el n. 134 del Documento del Sínodo de los Jóvenes: «la celebración eucarística es generadora de la vida comunitaria y de la sinodalidad de la Iglesia. Lugar de transmisión de la fe y de formación a la misión. La liturgia es encuentro con el Siervo divino que venda nuestras heridas y prepara para nosotros el banquete pascual, enviándonos a hacer lo mismo con nuestros hermanos y hermanas. los jóvenes demuestran ser capaces de apreciar y vivir con intensidad celebraciones auténticas en las que la belleza de los signos, el cuidado en la predicación y la participación comunitaria hablan realmente de Dios. 

Favorezcamos su participación activa; salgamos al encuentro de su sensibilidad musical y artística, ayudándoles a entender que la liturgia no es una expresión de sí misma, sino una acción de Cristo y de la Iglesia. Acompañemos a los jóvenes a descubrir el valor de la adoración eucarística como una extensión de la celebración, para vivir la contemplación y la oración silenciosa».

Cada persona sabrá qué camino recorrer: desde la eucaristía o hacia ella. El Concilio Vaticano II nos recuerda que la eucaristía es «fuente y cumbre de toda la vida cristiana» y «contiene todo el bien espiritual de la Iglesia, es decir, Cristo mismo, nuestra Pascua». 

¿Desde la eucaristía o hacia la eucaristía? Para unos la opción preferencial por los pobres, la conversión personal o el testimonio evangelizador serán consecuencia de la eucaristía y para otros serán camino hacia ella. Para todos, siempre la eucaristía en el horizonte. Sin ella, no somos cristianos. Corresponde a la creatividad y a la pasión de los pastores y agentes de pastoral, modular sinodalmente estos itinerarios en sus comunidades. Sin apasionamiento y sin renovación, pastores y agentes de pastoral dejan abandonadas a su propia suerte –al margen de la eucaristía– a las personas que se les ha confiado. Por el contrario, cuando sitúan acertadamente la eucaristía –fe, celebración y vida– los frutos, el ánimo y la corresponsabilidad son palpables. La centralidad de la eucaristía sitúa adecuadamente la catequesis, la formación permanente, el servicio caritativo, los sacramentos y hasta la denuncia social. No hay mayor fuente de afecto que la eucaristía para compartirlo con cualquier persona, sea de la condición que sea.

Todo mi afecto y mi bendición.

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