Somos una gran familia contigo

† Gregorio Martínez Sacristán

Muy queridos hermanos en el Señor Jesucristo: Conviene que todos los que nos sentimos cristianos, por lo menos un día al año, nos detengamos a renovar y reforzar nuestra común pertenencia y participación en la diócesis de la que formamos parte, así lo pretende la Jornada de la Iglesia Diocesana. 

Muy queridos hermanos en el Señor Jesucristo: Conviene que todos los que nos sentimos cristianos, por lo menos un día al año, nos detengamos a renovar y reforzar nuestra común pertenencia y participación en la diócesis de la que formamos parte, así lo pretende la Jornada de la Iglesia Diocesana. Por el bautismo hemos sido incorporados a la santa Iglesia, que se hace presente en cada una de las Iglesias locales o comunidades diocesanas. Por ello, al mismo tiempo que nos sentimos gozosos por estar unidos con todos los creyentes formando la gran familia universal de los hijos de Dios, nos debemos alegrar por estar asociados con todos los que integramos la gran familia diocesana, en la que vivimos más concretamente los que somos los discípulos de Cristo.

También a nuestra Iglesia diocesana de Zamora la podemos y debemos apreciar, percibir y conformar como una gran familia de creyentes, ya que en ella hemos recibido desde Dios Padre la nueva vida de los hijos de Dios. Por esto estamos llamados a acrecentar nuestra decidida adhesión a esta familia en la que se nos anuncia continuada y fidedignamente la misma Palabra de Dios, en la que se nos entrega la presencia salvadora del Señor Jesús a través de los sacramentos, y en la que se nos comunica el amor misericordioso de Cristo que nos hace hermanos entre todos nosotros y que nos urge a difundir su caridad a favor de todos los hombres y mujeres, sobre todo los que están descartados y necesitados.

Así, el Día de la Iglesia Diocesana nos impulsa a regenerar y robustecer la experiencia de vida familiar que debe caracterizar y enlazar a cuantos somos la Iglesia de Dios que peregrina en Zamora. Esta verdadera familia de católicos la formamos, en torno al obispo, todos los sacerdotes, los consagrados y los laicos, entre los cuales deben vivirse relaciones de fraternidad, que conlleva la acogida cordial, el acompañamiento respetuoso, la colaboración generosa y cotidiana, y la ayuda desinteresada, buscando el bien de la Iglesia. Por eso, a cada fiel diocesano le ha de interesar, preocupar y movilizar el crecimiento de su Iglesia.

Pertenecer a esta familia eclesial supone que en ella todos somos beneficiarios y responsables de su vida, la cual se muestra en las abundantes acciones y servicios que promueve y ofrece, también a favor de nuestra sociedad. Para ello nos corresponde involucrarnos más comprometidamente para que continúe desarrollando su ser y su misión. Esto implica que todos sus miembros estamos llamados a cooperar asiduamente en su sostenimiento, ya que las necesidades de nuestra Iglesia las debemos sentir, todos y cada uno, como oportunidades para intensificar nuestra aportación en ella, tanto a nivel personal como con nuestros bienes, para que, con el esfuerzo conjunto, nuestra Iglesia siga consolidando su vida familiar y extienda su obra evangelizadora. Por lo cual os agradezco vuestra efectiva generosidad con nuestra familia diocesana, y os hago llegar mi más afectuosa bendición.

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